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viernes, 9 de enero de 2026

HACIA EL POGROMO DE NEBI MUSA (1920) (II): EL PRINCIPIO DEL CONFLICTO ÁRABE-JUDÍO

En la entrada anterior vimos cómo, tras la Primera Guerra Mundial, los países vencedores (bueno, unos pocos: Reino Unido y Francia) aspiraban a repartirse el control en algunos territorios que pertenecían al Imperio Turco en Oriente Medio: Mesopotamia, Siria (con el Líbano) y la Palestina histórica, a ambos lados del Jordán.

Manifestación anti judía ante la Puerta
de Damasco de Jerusalén (8-3-1920)
En los últimos meses de la Guerra empezaron a crearse asociaciones que se fundaron con el noble objetivo de defender las comunidades judía y árabe de esta región. Entre los judíos, la Comisión Sionista*, que se creó en Marzo de 1918, y aspiraba a recomponer la Comunidad Judía en Palestina (el Yishuv) y favorecer la inmigración desde la Diáspora, para terminar creando un Hogar Nacional Judío, como había sido ofrecido por el Gobierno Británico en la Declaración Balfour.

Por parte de los árabes se fundaron las Asociaciones de Musulmanes-Cristianos de Palestina*, también a partir de mediados de 1918, cuyos objetivos eran: primero, conseguir la independencia, dentro de la Gran Siria; también se oponían a la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina y a la inmigración judía masiva. En Enero de 1919 celebraron el Iº Congreso Árabe de Palestina*, que decidió adherirse al proyecto de la Gran Siria bajo la soberanía de los hashemitas -representados en Faisal ibn Husayn, el hijo del sheriff de los Santos Lugares, Husayn ibn Ali.

En Enero de 1919, días antes de que comenzase la Conferencia de Paz de París, en la que se iba a debatir el futuro de Palestina (entre otras muchas cuestiones) Faisal ibn Husayn y Jaim Weizmann (Presidente de la Comisión Sionista) se reunieron y pactaron un Acuerdo  o Declaración Conjunta*, que fue presentada ante la Conferencia de París como una muestra de buena voluntad de las comunidades árabe y judías de Palestina.

Como vimos en la entrada anterior, la reunión y su Declaración fueron (con toda probabilidad) una maniobra preparada por los británicos para conseguir que los países representados en la conferencia, -y sobre todo EEUU- accedieran, como la mejor solución, a conceder al Reino Unido, como Mandatos, los territorios que había pactado con Francia en el Acuerdo Sykes Picot de 1916. Asì, argumentando el deber moral de implantar la Declaración Balfour y crear un reino árabe comprometido en la Correspondencia McMahon-Husayn*, Reino Unido pretendía que se incluyera en sus territorios la Palestina al este del Jordán y todo o parte de la Siria que Sykes y Picot habían pactado que sería zona de control francesa.

Pero esta Declaración Conjunta, por bien que sonase, no tenía ningún recorrido: había sido tramada para conseguir unos resultados a corto plazo, y no había sido pactada con los principales actores del drama: árabes y judíos.

¿Como se llegó desde la amistosa Declaración hasta el pogromo de Nebi Musa?

Veámoslo

viernes, 4 de agosto de 2017

LA POLÍTICA BRITÁNICA EN ORIENTE MEDIO Y LA DECLARACIÓN BALFOUR (II): LA DECLARACIÓN

Veíamos, en la entrada anterior, cómo la política inglesa, durante el siglo XIX, se orientó a evitar que cualquier potencia europea terrestre (o sea, distinta de ellos: Francia, Rusia, Austria, Alemania, etc) gobernase la política europea -y, por entonces mundial- de manera que la Gran Bretaña, con su dominio de los mares, resultase favorecida.

Lo mismo sucedió con el Oriente Medio; tras apoyar al desfalleciente Imperio Turco contra
Lord Balfour
 las ambiciones del Imperio Ruso, o las tensiones nacionalistas egipcias*, al llegar la Primera Guerra Mundial intentaron que los turcos no entraran en la guerra y, posteriormente (creyendo falsamente que los otomanos habían sido engañados para entrar en la guerra) apostaron (hasta 1915-1916) por un modelo descentralizado del Imperio Turco* con menos poder, pero que controlara el Oriente Medio como aliado de los occidentales.

Todo cambió, como ya se ha comentado en entradas anteriores, con las ambiciones de la familia Hashemita (Custodios de La Meca y Medina) con el patriarca Husayn Ibn-Ali a la cabeza, y la huida hacia adelante del Gabinete de El Cairo, que obligó a Londres a seguir una dirección que no estaba contemplada: la de sustituir el Imperio Turco por una versión menor, la de un Imperio Árabe en manos de los ambiciosos Hashemitas.

En verano de 1917, pese a todas las declaraciones poéticas y románticas posteriores sobre la "Gran Revuelta Árabe", los británicos saben que Husayn y sus seguidores, militarmente, han resultado un fiasco sin precedentes; los EEUU de Norteamérica han entrado en guerra en Abril, pero no podrán lanzar su potencia militar y económica antes de bien entrado el 1918; la Revolución Rusa ha derrocado al Zar; el Gobierno Provisional de Kèrenski, continúa la guerra, pero la situación rusa es muy inestable y, de triunfar los bolcheviques (como ocurrirá), puede ocurrir que Rusia (y el mayor ejército del mundo) salga de la guerra.

En estos momentos tan complicados, donde cualquier cambio de alianza puede traer el mayor triunfo, o una hecatombe, se gesta la Declaración llamada Balfour.

jueves, 8 de junio de 2017

LA POLÍTICA BRITÁNICA EN ORIENTE MEDIO Y LA DECLARACIÓN BALFOUR (I): ANTECEDENTES

Acuerdo de Sykes Picot con las
pretensiones de rusos e italianos
La Sociedad de Naciones encomendó el Mandato de Palestina al Reino Unido en 1920. Palestina era, en teoría, un Mandato de clase A, que la Sociedad de Naciones definía como "aquellas comunidades que habían alcanzado cierto grado de desarrollo que permitiría su viabilidad como países próximos a una independencia, siempre que contasen con los consejos y auxilios de un mandatario hasta que sean capaces de conducirse por sí mismas"; pero oficialmente nunca fue definido dentro de ninguna categoría, quizás porque ya se preveían las complicaciones que se iban a presentar. 

Efectivamente, la Potencia Mandataria (Reino Unido) debía "asegurar el establecimiento de un Hogar Nacional Judío", y "salvaguardar los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina". La conciliación de ambas cuestiones iba a resultar demasiado difícil para los diplomáticos británicos.

sábado, 13 de mayo de 2017

LAWRENCE DE ARABIA, O LA NO-TAN-EXITOSA-REVUELTA ÁRABE (y IV): QUIÉN HIZO TRAMPAS EN LA PARTIDA

Faysal, que encabezó la
"Revuelta Árabe" pese a sus
pocas dotes militares.
En las entradas anteriores, veíamos que Husayn ibn Alí había aprovechado la influencia del Imperio Británico para ser nombrado sherif de La Meca y Medina (1908); luego -en conspiración abiertamente desleal contra el Sultán y Califa, a quien había jurado obediencia- para intentar proclamarse soberano independiente del Hejaz (Febrero de 1914); finalmente, para organizar una rebelión para sustituir el Imperio Turco por su propio Imperio, una vez empezada la Primera Guerra Mundial, presentándose bajas falsas premisas: "el representante de todos los árabes sin excepción" y "capaz de levantar entre 100.000 y 300.000 árabes que sirven en el Ejército Turco, y pueden desertar para combatir al Imperio Otomano".

Sin embargo, Husayn y sus hijos -descendientes directos de la familia Hashemita, parientes del Profeta Muhammad- lo que pretendían en realidad es crear un Imperio Árabe -hereditario,  claro- que sustituyese al Imperio Otomano. Negociaron con ambos bandos (británicos y turcos) presentándose siempre como portavoces de "todos los árabes sin excepción" y, al final, se vendieron al mejor postor: los Aliados.

La promesa hashemita de agrupar en sus filas a casi todos los oficiales árabes del Ejército Turco era falsa: un 90% de los árabes continuaron combatiendo a favor de los turcos hasta la desestructuración de sus tropas (Octubre de 1918) mientras Husayn sólo logró reunir un máximo de diez a quince mil combatientes, no más de cinco mil a la vez.

Pese a la romántica propaganda de T. E. Lawrence  y los Orientalistas de El Cairo, y el silencio de los diplomáticos de Londres, la "Revuelta Árabe*" fue un fiasco militar y politico sin precedentes: costó millones de libras tomar unas cuantas ciudades (Medina, Aqaba, Ta'if) que podían haberse conquistado con tropas semiprofesionales de la mitad del tamaño y la décima parte del coste que supuso la "Revuelta árabe". Y, desde luego, recurrir a otros sheikhs más sinceros y fieles a sus tratos, como Abdulaziz ibn Saud, sin duda hubiera evitado las falsas acusaciones que, desde entonces, ha tenido que soportar el Imperio Británico y el mundo occidental.

Seguramente la acusación más repetida entre los árabes y sus simpatizantes (incluyendo muchos intelectuales de militancia anticolonialista, y recientemente entre los enemigos del Estado de Israel) fue que los franceses y británicos traicionaron a los Hashemitas (y a Lawrence de Arabia) al prometer un Estado Árabe independiente y, luego, repartirse el botín, mediante un tratado secreto; el acuerdo Sykes-Picot.

Vamos a ver en profundidad las condiciones en que se llegó a firmar este pacto.