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domingo, 21 de diciembre de 2025

HACIA EL POGROMO DE NEBI MUSA (1920). (I) EL ACUERDO FAYSAL-WEIZMANN

La derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial supuso su disolucíón, perdiendo todos los territorios externos a la Península de Anatolia (más o menos la actual Turquía, que sólo pudo conservar tras la Guerra de Independencia turca y la Guerra greco-turca).

Los territorios que los aliados vencedores (fundamentalmente el Reino Unido y Francia) se disponían a repartirse eran Mesopotamia, Siria (con el Líbano) y Palestina, a ambos lados del Jordán. (no trataremos aquí de los territorios de la Península Arábica, que llevaron su propio recorrido histórico).

Ni el mundo árabe ni los judíos se mostraban (al menos en teoría) de acuerdo con el pacto entre los aliados, plasmado inicialmente en el acuerdo Sykes - Picot de 1916 (entre británicos, franceses, rusos, y la aquiescencia italiana) pero que, tras la guerra, quedaría en un mero reparto de zona de influencia entre Reino Unido y Francia:

  • Los árabes insistían en que en la Correspondencia McMahon-Husayn se les había prometido, a cambio de su apoyo en la guerra contra los turcos, un estado árabe con los actuales Siria, Líbano, Jordania, Iraq, la Península Arábiga, y Palestina. Y, por supuesto, bajo la monarquía de los hashemitas* del sherif de La Meca, Husayn Ibn Alí. Por los puntos expuestos aquí, no llevaban razón.
  • Los judíos, por su parte, se aferraban a la Declaración Balfour, que mostraba la buena disposición del Imperio Británico a crear un "Hogar Nacional Judío" (no necesariamente un país) en el territorio de Palestina... si ganaban la guerra. Como explicamos aquí, tampoco los judíos tenían la razón absoluta.
Participantes en la Conderencia de San Remo:
Matsui Keishirö, Lloyd George, Curzon,
Berthelot, Millerand, Vittorio Scialoja, Nitti
Tras la guerra, como explicamos en esta entrada, la Sociedad de Naciones instauró el sistema de Mandatos, para gestionar las antiguas colonias de las Potencias Centrales. La intención no era el colonialismo desaforado que se ha presentado luego, sino tutelar a los territorios para que se modernizaran y pudieran acceder a la independencia. En concreto, el Mandato de Palestina se suponía que debía 
crear un estado pluri-racial, multi-religioso moderno, capaz de convivir en paz, tanto entre sus diferentes comunidades (árabes y judíos, circasianos, drusos, griegos, armenios, etc) como con los territorios vecinos. No se trataba de desposeer de territorios a Husayn Ibn Alí o sus hijos (1) ni prometía un Estado Judío independiente, aunque árabes y judíos tiraran cada uno para lo suyo.

La Resolución que daría lugar a la adjudicación de los Mandatos debía ser redactada y firmada por los países vencedores de la Guerra en una Conferencia a celebrar en San Remo a partir del 19 de Abril de 1920 (finalmente se firmó el 25 de Abril). Sin embargo, la historia del Mandato de Palestina empezó mal; tan mal que, dos semanas antes, el 4 de Abril, estalló un pogrom en Jerusalén coincidiendo con la festividad de Nebi Musa. Junto con la batalla de Tel Hai*, un mes antes, son los dos hechos que pueden considerarse el inicio del conflicto árabe judío en Palestina.

¿Qué pasó? Veámoslo