viernes, 23 de enero de 2026

LA CAÍDA DE JAFFA, 1948 (I): LOS ÁRABES LO PASAN MAL

Plan de Partición de 1947,
que muestra el enclave de
Jaffa en terrritorio judío
Durante la guerra civil entre las comunidades judía y árabe que siguió a la Partición del Mandato de Palestina (decretada el 29 de Noviembre de 1947) a finales de Marzo de 1948 la situación para el Yishuv parecía desesperanzadora. A 45 días de la retirada de las tropas británicas, los judíos no habían perdido aún el control de ningún asentamiento; pero, los árabes, sometiendo a las colonias y ciudades a un bloqueo de las carreteras que les llevaban suministros, estaban a punto de conseguir la rendición de varias de ellas, y sobre todo el premio gordo: Jerusalén, capital histórica y simbólica del judaísmo, con 100000 de sus 160000 habitantes judíos. Eso hubiera puesto la derrota definitiva del Yishuv, y sin necesidad siquiera de que se produjera una invasión de los países árabes vecinos.

A finales de Marzo, Ben Gurion convocó una reunión con los mandos de la Haganah (la principal fuerza militar) y del Palmaj (su fuerza de choque), y decidieron cambiar de estrategia, planeando la Operación Najshón, que permitió abrir la carretera de Jerusalén, derrotando  a las Milicias de la Guerra Santa (Jaysh al-Jihad al-Muqaddas) y matando a su Jefe, Abd-al-Qader al-Husayni*. Durante la operación, una dura batalla de los grupos Irgún y Lejí por conquistar un pueblo llamado Deir Yassin acabó con su destrucción, con entre 100 y 110 muertos. La exageración de los dirigentes y medios de comunicación árabes, que -con intención de provocar el horror del mundo y la intervención de los británicos y países árabes- convirtieron el terrible suceso en una masacre con relatos de terribles atrocidades inventadas, en lugar de torcer las cosas a su favor, provocaron el pánico y la huida de muchos habitantes árabes de zonas de población mixta a zonas controladas por los árabes o países vecinos.

Así, durante la segunda quincena de Abril, la psicosis se contagió a las principales ciudades de Palestina: ya hemos visto el caso de Haifa; y hoy vamos a ver lo que pasó en Jaffa.

Jaffa, en 1948, era la ciudad con más población árabe del Mandato: contaba con 54000 árabes musulmanes y 17000 árabes cristianos (71000 en total, a lo que se podía añadir otros 40000 árabes en los pueblos de alrededor); además, Jaffa era el puerto más importante, el principal centro comercial y un centro sociocultural clave de la comunidad árabe de Palestina. Pese a su situación de enclave dentro del Estado asignado por la ONU para los judíos, y la inferioridad demográfica de los árabes dentro del subdistrito de Jaffa, se esperaba una resistencia feroz, al menos hasta la llegada de los ejércitos árabes. Pero Jaffa cayó, tras una mínima resistencia, en cuanto se largaron los ingleses. 

¿Qué pasó? Veámoslo.

Judíos y árabes 

En 1947 Jaffa era una población mixta de predominio árabe: contaba con unos 71000 habitantes árabes (54000 musulmanes y 17000 cristianos), por 31000 judíos y unos pocos europeos y de otros orígenes.(1)

Las relaciones entre las comunidad árabe y judía durante el siglo XX habían sido las acostumbradas en Palestina: convivencia forzada -en Jaffa más interesada debido a la importancia de las relaciones comerciales en el puerto y la industria cítrica (2)- con tensiones raciales y ocasionales brotes de violencia (3).

La población judía tendía a concentrarse en suburbios de Jaffa de población mayoritariamente judía, cuyos habitantes buscaban educación, servicios sociales y atención médica en la vecina y adyacente Tel Aviv, una ciudad casi exclusivamente judía de 160.000 habitantes fundada en 1909. Los intentos de estos barrios por unirse a Tel Aviv fueron desestimados por la municipalidad de Jaffa(4) pero, para 1947, había una "frontera" bastante definida entre los barrios judíos y el resto de Jaffa.

En 1947, la comunidad judía, pese a las diferencias sociales y culturales entre judíos sabras (nacidos en Israel), ashkenazis y sefardíes, o entre judíos más o menos cultos, o ricos y pobres, tenía -gracias, en parte, a la conciencia de la Shoah sufrida y a la aspiración común de fundar una patria judía- mucha mayor cohesión que la árabe, lo que influyó decisivamente en el conflicto bélico.

Barriadas de Jaffa y Tel Aviv
El proceso de urbanización acelerada de Jaffa (de 1920 a 1947 pasó de 32000 a más de 100000 habitantes) trajo consigo la creación de bolsas de pobreza en barrios periféricos de la ciudad, con poblados chabolistas (*barrios de hojalata" o "barrios de cartón") donde se hacinaban inmigrantes de las zonas rurales de Palestina o de fuera de ella (predominaban egipcios y sirio-drusos de Haurán). (5) 

Los barrios empobrecidos solían estar en la periferia de Jaffa y fronterizos con barrios o pueblos judíos: en el Norte, como una península árabe avanzando en Tel Aviv, estaba Manshiya; al Este, en la frontera con la barriada telavivense de Hativkah, Abu Kabir; y en el sur, Tal al-Rish y Jabaliyya-Sur colindaban con los pueblos judíos de Holon y Bat Yam. En 1947 un 70% de la población árabe de Jaffa vivía en estos suburbios o en barriadas similares del centro. (6)

Los habitantes de estos barrios, lógicamente, tenían mayor hostilidad y miedo a los judíos; sin embargo, su experiencia de haber sufrido desprecio y discriminación también por parte de los árabes, su falta de arraigo en la sociedad palestina, junto con su poca confianza en el liderazgo de los dirigentes, contribuyó a que su contribución a la defensa militar de Jaffa fuera nula.

No fueron los únicos: la sociedad palestina. árabe estaba muy fragmentada: no sólo entre clases acomodadas y pobres, sino entre cristianos (generalmente de mayor poder económico y más cultivados) y musulmanes (por lo general, más antisionistas); y también por sus lealtades politicas. Durante los años anteriores el Muftí de Jerusalén, Amin al-Husayni - cabeza del clan Husayni- había intentado construir un Estado palestino sobre el antisionismo y el antieuropeísmo; pero, para ello, se enfrentó (y de manera muy violenta) a los partidarios de los hashemitas y a familias palestinas que buscaban un entendimiento con la comunidad judía, como los Nashashibi.* En 1947, tanto el alcalde de Jaffa, Yusuf Heikal, como el abogado y encargado de Seguridad Muhammad Nimr Hawari.*, fundador de la Milicia al-Najjada*, eran contrarios a los Husayni y partidarios de los hashemitas; lo que, en la Palestina del Mandato, siempre era peligroso...

Tampoco es que fomentase la Resistencia árabe que el Ejército de Liberación Árabe (Jaysh al-Inqadh al-Arabi) (ELA) -reclutado por la Liga Árabe y comandado por el General iraquí Ismail Safwat**, y sobre el terreno por Fawzi al Qawuqji (otro feroz enemigo de Amin al-Husayni)-, se comportara como un ejército de ocupación, y no como libertadores; es lógico que, en el momento en que se pidió a los vecinos actitudes heroicas que no veían en los que venían a defenderles, ni en sus propios dirigentes, el entusiasmo no fuera inenarrable.

Desde el punto de vista exclusivamente militar, las perspectivas para los árabes tampoco eran buenas; el subdistrito de Jaffa era una de las pocas zonas del territorio palestino donde los judíos eran clara mayoría: 110000 árabes, frente a 265000 judíos. Jaffa estaba casi rodeada de núcleos judíos: Tel Aviv, su barrio Hativkah, y los pueblos de Mikve Yisrael, Holon y Bat Yan formaban un anillo cuya única ruta de salida, por la carretera de Jerusalén, a través del pueblo árabe de Yazur, podía ser cortada en cuanto se desencadenasen las hostilidades.

Un plan realista podría haber sido tratar de llegar a un compromiso con la Haganah de Tel Aviv y la Agencia Judía* y evitar una guerra abierta, al menos hasta que se retirasen los ingleses. Seguramente así se hubiera conseguido evitar la fuga de gran parte de la población. Pero las cosas no ocurrieron asi.

Atentados y primera oleada de pánico

Jaffa había sido otorgado al futuro Estado árabe en la Partición, y los líderes sionistas habían declarado estar de acuerdo con el plan de la ONU. El grupo de personalidades que dirigía por entonces la ciudad, de talante moderado, eran opuestos a al-Husayni y favorables a Abdullah de Transjordania. Lo encabezaban Heikal y Hawari, que confiaban en que el rey transjordano -que contaba con la confianza de los británicos- podría absorber a la Palestina árabe y federarse con un posible Estado judío; tal vez convertirlo en un Protectorado hashemita. De ocurrir ésto, los problemas de los árabes de Jaffa estarían resueltos.

En cambio, dada la importancia que tenían los cítricos para la ciudad, un conflicto que afectase los cultivos, los almacenes, la distribución o la exportación de la fruta, amenazaba con arruinar a la ciudad y sus habitantes, tanto árabes como judíos.

Así pues, la municipalidad de Jaffa, en principio, no tenía mucha intención de hacer la guerra a los judios. El boycott de la Liga Árabe a los productos judíos (7) no se aplicaba realmente, más allá de las preferencias personales de los clientes árabes. Los habitantes de Jaffa siguieron comprando en Tel Aviv, sobornando a los inspectores de la Liga Árabe en caso necesario. Incluso, en Agosto de 1947, la Policía arrestó a varios activistas pro-Muftí, incluyendo a varios inspectores de la Liga Árabe, y expulsó a otros. También se enfrentaron al Comité Superior Árabe* (AHC) cuando, a través de Jamal al-Husayni,* su Vicepresidente y primo del Muftí, exigió draconianos castigos -incluso pena de muerte- a quienes vendieran tierras a los judíos, "olvidando" las ventas de su propia familia.

Incluso, cuando estalló la violencia en respuesta al asesinato de cuatro judíos en un café de Tel Aviv -en Agosto de 1947-, Heikal se reunió con el alcalde de Tel Aviv, Israel Rokach, y decidieron luchar por la convivencia: jóvenes de al-Najjada patrullaron las calles de Jaffa; se repartieron folletos llamando a la paz, y se celebraron reuniones de notables de barrios fronterizos de Jaffa y Tel Aviv.

Mientras tanto la UNSCOP estudiaba sobre el terreno posibles soluciones al problema palestino y, el 2 de Octubre, publicó su informe recomendando la finalización del Mandato y la Partición en dos estados. Al día siguiente el AHC convocó una huelga general, que tuvo poco éxito, y menos en Jaffa.

Amin al-Husayni, preocupado, convocó a su residencia de El Cairo a representantes de varias ciudades y entidades árabes palestinas, entre ellas Jaffa; con una mezcla de chantajes, amenazas y sobornos, consiguió armar una cierta resistencia al plan de la ONU. Tras la aprobación de la Partición por la Asamblea General de la ONU convocó a través del AHC una huelga general a partir del 2 de Diciembre. En Jaffa-Tel Aviv, pese a la intención pacificadora de los alcaldes de ambas ciudades y de Hawari, se produjeron una serie de choques violentos que seguían más o menos el mismo patrón: ataque árabe localizado, represalia judía y pasividad u ocasional intervención británica. No existía una estrategia militar, sino más o menos una guerra de guerrillas con golpes violentos pero poco sistemáticos.
 
Hacia final de Diciembre, esta forma de conflicto se había cobrado la vida de unos sesenta judíos y un número indeterminado de árabes. (8) Las represalias judías (más violentas en el caso del Irgún y Lejí que de la Haganah) quebraron la moral de la población civil árabe, que abandonó las zonas limítrofes con Tel Aviv para huir hacia el centro de Jaffa, mientras la clase media-alta de la ciudad emigraba también, pero hacía otras zonas palestinas de mayoría árabe (como Jerusalén, o el Triángulo Jenin-Tulkarm-Nablus) u otros países árabes limítrofes. A principios de 1948 habían huido de Jaffa entre 15000 (estimaciones del Instituto de Estudios Islámicos, que cargaba el grueso de la fuga sobre los cristianos acomodados) y 25000 personas (segun informes de la Haganah). Del barrio fronterizo de Manshiya habían huido 2000 - 3000 familias. (9)

Los árabes también cambiaron su modus operandi a los atentados con explosivos, viendo que los resultados obtenidos eran más espectaculares y conllevaban poco gasto; pero, en su caso, en parte por su mejor organización y por no tener un sitio más seguro donde huir, los judíos no abandonaron Tel Aviv.

Manshiya y alrededores
Hubo intentos de frenar la escalada de violencia (mucha de la cual, de todos modos, se debía a bandas de delincuentes judíos o árabes que aprovechaban el caos para sus actividades). El Muftí, que no tenía ningún hombre de confianza en Jaffa, y no quería que la ciudad se desintegrara en luchas intestinas, confirmó a Hawari como Comandante Militar el 6 de Diciembre; y él y Heikal se reunieron con Rokach -el alcalde de Tel Aviv- y los mandos locales de la Haganah para llegar a un pacto de no agresión. El sector de los cítricos (básico en la economía de la ciudad) ya había llegado a un compromiso -"tácito"- de no agresión. 

Las autoridades locales de Jaffa y Tel Aviv llegaron a un acuerdo de principios condenando la violencia; pero tanto el Muftí como el mando central de la Haganah rechazaron el pacto. Esto no era muy sorprendente para los judíos, pues Jaffa era uno de los pocos lugares donde contaban con una posición militar claramente superior; pero, para los desesperados Heikal y Hawari, la postura del Muftí les pareció fuera de la realidad: hizo un llamamiento a la "yihad" contra los judíos y reclamó a Hawari que se presentara ante él en El Cairo, donde le destituyó de su puesto de Comandante y disolvió el Comité de Seguridad. (10) Heikal también viajó a El Cairo y Amman para que le permitieran sellar su pacto con Tel Aviv y para pedir ayuda económica y militar con la que frenar el éxodo de sus conciudadanos, sin demasiado éxito.

Los británicos habían asignado tres batallones de su 1ª división que, turnándose, patrullaban la ciudad y la salida hacia Jerusalén; pero tenían órdenes de no intervenir salvo para repeler ataques o impedir batallas declaradas. Como, en esta fase, los enfrentamientos se limitaban a atentados, disparos de francotiradores y ataques puntuales, prácticamente no intervinieron.

El 4 de Enero de 1948, el Lejí, con dos vehículos blindados -camuflados como británicos-cargados de explosivos, hizo volar el edificio Saraya, una antigua sede del Gobierno otomano en Jaffa, que a la sazón albergaba el Consejo Nacional de Jaffa. El edificio quedó reducido a escombros; murieron 15 personas, y quedaron heridas unas 80. (11)

Edificio Saraya antes del atentado
El atentado aterrorizó a la población árabe de Jaffa; no sólo por el balance de víctimas, sino porque la destrucción del edificio, al lado de la céntrica y simbólica Clock Tower, significaba que nada en la ciudad estaba a salvo, y que las autoridades no podían proteger a sus habitantes. Otra consecuencia colateral fue la proliferación de rumores maliciosos e infundados -algunos esparcidos por los secuaces de al-Husayni- como responsabilizar a los británicos, a los árabes cristianos (se decía que sólo uno de los muertos era cristiano), a Hawari, etc. La consecuencia fue el aumento de las querellas internas, del caos, del pánico y de la huida de la población árabe; incluso la esposa del alcalde, Heikal, y las familias de otros notables, se marcharon de la ciudad. Además se supo que, cuando ocurrió el atentado, no había vigilantes en el edificio porque no recibían su paga. La Alcaldía y el Consejo Nacional fueron acusados de malversación y corrupción.

La destitución de Hawari - que era el Comandante de la Milicia al-Najjada- y la disolución del Comité de Seguridad provocaron un vacío de poder y una atomización de la defensa de la ciudad. Cada barrio, cada pueblo cercano, el ELA, los grupos de ciudadanos, tenían sus propias milicias; a veces colaboraban, pero generalmente se ignoraban, o incluso competían por ampliar su poder, o se robaban armas y municiones entre ellos para usarlas o venderlas en el mercado negro.

Las milicias pro-Husayni, Milicias de la Guerra Santa, buscaron extender su influencia en la ciudad. El Muftí nombró Comandante Militar de Jaffa a Hasan Salama, su hombre para la zona de Lydda (ver Nota 8); Salama dividió el subdistrito en 13 zonas, cada una con una Unidad de Guardia -con 375 hombres en total- y tropas de reserva, formadas a partir de la  inclusión forzada de la Policía y otras milicias (como los "Hermanos Musulmanes"), a las que intentó requisar también armas y municiones. 

Como era de esperar, el resultado fue mediocre; no sólo por la escasa colaboración de muchas milicias, sino porque muchos de los combatientes eran antiguos trabajadores (algunos inmigrantes de otros países árabes, sobre todo sirios de Haurán), desempleados, aldeanos, etc, reclutados mediante salario, sin experiencia militar, y con tendencia a evitar el conflicto con los hipermotivados judíos. En ocasiones huían con el salario o vendían el arma y las municiones en el mercado negro. Salama nombró como supervisor al miembro del Comité Nacional Salah al-Nazir, que de partidario de Heikal pasó a ser el representante de los pro-Husayni en Jaffa. (12)

La oposición anti-Muftí trató también de compensar el aumento de influencia de las Milicias pro-Husayni y conseguir más recursos para la ciudad; Heikal, el alcalde de Jaffa, tras un intento de congraciarse con el Muftí (que no le hizo ni caso) y otra prueba con Abdullah (del que sólo obtuvo buenas palabras) tuvo más suerte con el ELA patrocinado por la Liga Árabe: a primeros de Febrero vinieron 250 combatientes, enviados por Safwat, con un nuevo comandante, un militar iraquí llamado Abdel Wahab Sheik Ali. En total había, por entonces, una fuerza de 1600 milicianos en Jaffa, con dos comandantes militares que no colaboraban entre sí, además de los que capitaneaban las distintas milicias autónomas. (13)

Sheik Ali impuso una cierta disciplina, pero fracasó (como le había ocurrido a Salama) a la hora de integrar en sus unidades a todas las milicias; finalmente se enemistó con Heikal, que pretendía que las operaciones militares se supeditaran a los intereses de la ciudad. El Alcalde tenía miedo que ataques temerarios contra los judíos desencadenaran represalias de las poderosas fuerzas de la Haganah de Tel Aviv.

En realidad, los judíos eran reacios a emprender acciones contra Jaffa que pudiesen desembocar en la conquista de la ciudad, para no desafiar a la ONU y a los británicos al mismo tiempo. Sin embargo tras un aumento de la agresividad árabe, iniciaron una serie de ataques que arruinaron la confianza en Sheik Ali. Harto de discusiones con Heikal, con las distintas milicias, y con los partidarios del Muftí, presentó su dimision menos de un mes después de su toma de posesión.

Le sustituyó, el 19 de Febrero, el Tte Col Adl Najim al-­Din, también iraquí. Llegó a Jaffa acompañado de otros 150 soldados del ELA, bosnios (veteranos de la División SS Handschar), sirios e iraquíes. Como su antecesor, su llegada supuso una mejora temporal de la moral de la ciudad; com Sheik Ali, intentó meter en cintura a todas las facciones de los árabes; y como él, desde que llegó tuvo que enfrentar la hostilidad de los partidarios del Muftí.

A finales de Marzo, llegaron otros 200 combatientes del ELA. Pero, pese a estos refuerzos, la moral de la población continuaba cayendo, y la ciudad aparecía más vacía cada vez. Los soldados de la ELA eran corruptos, venales y trataban brutalmente a los habitantes de Jaffa, a quienes con frecuencia golpeaban, robaban o extorsionaban.

En Tel Aviv y los barrios judíos de Jaffa, la organización de sus tropas era mejor, y la moral de la población más alta. Después de la retirada de los británicos de Tel Aviv (Diciembre de 1947) la Haganah había dispuesto sus tropas en cinco frentes, siendo el I la zona de separación entre Tel Aviv + barrios judios de Jaffa con los barrios árabes, y el V la línea que limitaba con Jaffa al Sur. (14) Como ya hemos dicho, los mandos de Haganah apostaban por una política de contención, por motivaciones económicas (no arruinar los intereses de las empresas de cítricos) y políticos (evitar un enfrentamiento con los británicos); Irgún (con fuerte presencia en Tel Aviv) se centraba en ataques directos y puntuales, mientras que el pequeño grupo de Lejí actuaba pocas veces, aunque de manera muy violenta.

Cuando las operaciones del Irgún se hicieron más difíciles, por la mejora de las defensas árabes, el grupo intentó establecer puestos avanzados, para estar más cerca de sus objetivos y, además, evitar choques entre los combatientes de Haganah e Irgún en los trayectos entre los cuarteles y sus puntos de destino. (15). Tras algunos roces con el Haganah ambos grupos pactaron que Irgún pudiera establecer seis puestos avanzados. También hubo un problema, más serio, a la hora de permitir, o no, que el Irgún hiciese recaudación de dinero a través de asambleas públicas. Eso competía directamente con la propia obtención de ingresos de la Haganah: hubo agresiones entre ambos grupos, y finalmente llegaron a un consenso: se permitiría la recaudación, pero no las asambleas públicas.

Pero el problema más grave entre los dos grupos ocurrió cuando, el 25 de febrero, el Irgún atacó y bloqueó un punto de la carretera Jaffa- Jerusalén, que los británicos patrullaban para evitar precisamente que ninguno de los dos bandos la cortase. En respuesta, los británicos destruyeron un puesto cercano de la Haganah en Mikveh  Israel - que no tenía nada que ver- y, el 29, cuando la Haganah intentó volver a ocupar sus ruinas, los británicos les atacaron y, quitándoles sus armas, les dejaron a merced de una multitud de milicianos árabes, que les atacaron y mataron a 11 de ellos. 

Pese a todo ésto, Irgún y Haganah estaban condenados a entenderse; ambos diferían sólo en la estrategia a seguir: Haganah era reacio a verse implicado en combates en el centro de Jaffa -prefería estrangular la ciudad mediante la conquista de los pueblos cercanos - mientras Irgún creía que, gracias a su poder en Tel Aviv, podrían ocupar ellos la ciudad y conseguir una buena publicidad. Pero el objetivo final de ambos grupos era el mismo: derrotar al enemigo y construir un Estado Judío.

En Marzo, tanto árabes como judíos consiguieron morteros ligeros, de calibre 2 pulgadas (50,8 mm). El júbilo inicial de la población árabe cuando las primeras bombas cayeron sobre Tel Aviv, disparadas desde Manshiya, pronto se aguó cuando la Haganah, en respuesta, lanzó ataques contra Abu Kabir y al-Bassa (cerca del Ancient Harbour) y los árabes tuvieron la sensación de que los judíos podrían haber llegado al centro de la ciudad de habérselo propuesto.

Heikal viajó a Damasco y Amman a pedir ayuda para evitar la caída de la ciudad. Jamil Mardam*, el Primer Ministro sirio, les prometió ayuda pero no inmediata, y su Ministro de Defensa, Ahmad al-Sharabati,* les aconsejó que abandonaran la ciudad para esperar la invasión de los Ejércitos Árabes y la derrota de los judíos: entonces regresarían. En Amman, Abdullah de Transjordania -además de un regalo de dos vehiculos blindados- les prometió que enviaría la Legión Árabe (el mejor ejército del mundo árabe por entonces) en auxilio de Jaffa en cuanto se fueran los británicos.

Heikal volvió, pues, a Jaffa con muchas promesas pero pocas realidades. Vendió a sus habitantes el viaje como un éxito, porque había "conseguido" que Abdullah enviase la Legión Árabe; aunque se calló que habría que esperar al 15 de Mayo para ello. Pero, momentáneamente, aumentó la confianza en Abdullah (y, de rebote, bajó la popularidad del Muftí).

Mientras tanto, la relación de la ciudad con los milicianos del ELA era cada vez peor: el maltrato que recibían, y la sensación de que se dedicaban más a robarles y pegarse la gran vida que a protegerles contra los judíos hizo que aumentaran las murmuraciones contra ellos; los milicianos respondieron con más agresividad, y se creó un círculo vicioso tóxico.

Eso hizo que, pese a las promesas de Heikal, no se frenara la huida de sus conciudadanos. Incluso aumentó desde que, a final de Marzo y principios de Abril, los vecinos entraron en pánico, aterrorizados por las noticias de las victorias judías (Mishmar HaEmek, Qastel y la muerte de Abd-al-Qader al-Husayni, Deir Yassin) y las historias que corrían sobre las atrocidades judías. 

A finales de Marzo la población árabe de Jaffa oscilaba sólo entre 30000-35000 habitantes (la mitad de los que vivían allí al principio) y, a mediados de Abril unos 20000-30000, cuando empezó la última batalla por Jaffa.

Pero éso lo veremos en la siguiente entrada.

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* Enlaces en inglés. Aunque mis preferencias serán siempre enlazar a información en español, aunque sea menos completa, en algunos casos la diferencia en la información ofrecida justifica enlazar a páginas en otros idiomas. Ruego disculpen las molestias.

**Enlaces en francés.

***Enlaces en otros idiomas

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  1. Estimaciones a partir del Village Statistics de 1945 del Gobierno del Mandato Británico.
  2. La industria del cítrico (cultivo almacenamiento y exportación) era la más importante del Subdistrito de Jaffa; garantizaba el medio de vida de miles de árabes y judíos, y tenía la suficiente influencia como para obligar a suspender huelgas o demostraciones hostiles, como en la Revuelta Árabe de 1936-39, o en la propia guerra intercomunal de 1947, donde ambos bandos respetaron -tácitamente- las cosechas, los almacenes y los transportes destinados a la exportación. 
  3. Jaffa, históricamente, había sido un importante foco de antisionismo, tanto socio-culturalmente (el periódico "Falastin", uno de los más influyentes en el Mandato, fue fundado por árabes cristianos en 1911 en Jaffa; la primera Asociación Musulmano-cristiana también surgió en Jaffa en 1918) como productor de brotes violentos: los más importantes fueron: los disturbios de Jaffa de 1921 -donde una riña entre dos facciones de izquierda judías desembocó por un malentendido en un pogromo de los árabes contra los barrios judíos- y la ya citada Revuelta Árabe.
  4. Karsh, Efraim: "Palestine Betrayed". Yale University Press (New Haven & London, 2010); pg 145
  5. Como ocurría desde tiempos bíblicos, los árabes de Siria, Líbano, Mesopotamia o Egipto solían atravesar las permeables fronteras entre Valiatos otomanos y mandatos europeos en caso de desastres naturales o sociales. Hauran era una zona del Sudoeste de Siria que había sufrido en los años veinte desastres como la Revuelta Drusa y varias sequías. 
  6. Itamar Radai (2011) Jaffa, 1948: "The fall of a city" Journal of Israeli History, 30:01, 23-43, DOI: 10.1080/13531042.2011.553064. Paradójicamente, Jaffa era la ciudad árabe más rica del país, con una importante colonia de empresarios y hombres de negocios adinerados que vivían en barrios como Ajami, frente a la playa; Jabaliyya Norte, y al-Nuzha, al Norte de la Old City.
  7. Desde los años 30, los dirigentes árabes de Oriente Medio organizaron periódicamente boycotts "de baja intensidad" contra los productos judíos; tras la creación de la Liga Árabe en 1945, este organismo proclamó un boycott general, pero no se aplicó con mucha intensidad hasta 1948.
  8. El número de bajas árabes era probablemente superior, debido a los ataques temerarios y desorganizados de sus bandas. Sólo en un ataque frontal y sin preparación realizado el 8 de Diciembre contra el barrio Hativkah de Tel Aviv por centenares de hombres de Hasan Salama, comandante del Sector Lydda de las Milicias de la Guerra Santa (pro-Husayni), los británicos calcularon que los árabes habían tenido unos 60 muertos: (Morris, Benny: Victimes Histoire revisitée du conflit arabo-sioniste; Éditions Complèxe, 2ª ed. 2003, Pg 219)
  9. El centro de Jaffa se llenó de refugiados de los barrios que se consideraban más peligrosos; dormían en las calles, sin refugio en pleno invierno, o se hacinaban en pisos que habían quedado vacíos por la huida de sus ocupantes. No había provisiones, y el Comité Nacional (que, pese a su nombre, era -como en todas las zonas árabes- un mero Comité Regional) no daba abasto a las necesidades.
  10. Al menos salvó la vida. Los secuaces del Muftí divulgaron en Jaffa sus contactos con la Haganah y su amistad anterior con Yehoshua Palmon** para acusarle de traidor y justificar su destitución; pero, aunque se le prohibió volver a Palestina, se le envió a Transjordania para recaudar fondos y combatientes.
  11. Las cifras son muy variables según la fuente a la que acudamos. Algunos autores hablan de hasta 70 muertos. He elegido como referencia a Gelber, Yoav; ."1948; War, Escape and the Emergence of the Palestinian Problem"; Sussex Academic Press (Brighton-Portland, 2001). Pg 20.
  12. Itamar Radai. Op Cit, Pg 32
  13. Karsh, Efraim: Op.Cit, Pg 153
  14. Las tropas de la Haganah de Tel Aviv se habían reorganizado en Febrero, formando la 4ª Brigada Kiryati,* bajo Michael Ben-Gal.
  15. Gonan, Arnon: "The Battle of Jaffa, 1948"; Middle Eastern Studies, 2012; 48:6: 1000-1001

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