En la entrada anterior vimos cómo, tras la Primera Guerra Mundial, los países vencedores (bueno, unos pocos: Reino Unido y Francia) aspiraban a repartirse el control en algunos territorios que pertenecían al Imperio Turco en Oriente Medio: Mesopotamia, Siria (con el Líbano) y la Palestina histórica, a ambos lados del Jordán.
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Manifestación anti judía ante la Puerta de Damasco de Jerusalén (8-3-1920) |
En los últimos meses de la Guerra empezaron a crearse asociaciones que se fundaron con el noble objetivo de defender las comunidades judía y árabe de esta región. Entre los judíos, la
Comisión Sionista*, que se creó en Marzo de 1918, y aspiraba a recomponer la Comunidad Judía en Palestina (el
Yishuv) y favorecer la inmigración desde la Diáspora, para terminar creando un Hogar Nacional Judío, como había sido ofrecido por el Gobierno Británico en la
Declaración Balfour.
Por parte de los árabes se fundaron las Asociaciones de Musulmanes-Cristianos de Palestina*, también a partir de mediados de 1918, cuyos objetivos eran: primero, conseguir la independencia, dentro de la Gran Siria; también se oponían a la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina y a la inmigración judía masiva. En Enero de 1919 celebraron el Iº Congreso Árabe de Palestina*, que decidió adherirse al proyecto de la Gran Siria bajo la soberanía de los hashemitas -representados en Faisal ibn Husayn, el hijo del sheriff de los Santos Lugares, Husayn ibn Ali.
En Enero de 1919, días antes de que comenzase la Conferencia de Paz de París, en la que se iba a debatir el futuro de Palestina (entre otras muchas cuestiones) Faisal ibn Husayn y Jaim Weizmann (Presidente de la Comisión Sionista) se reunieron y pactaron un Acuerdo o Declaración Conjunta*, que fue presentada ante la Conferencia de París como una muestra de buena voluntad de las comunidades árabe y judías de Palestina.
Como vimos en la entrada anterior, la reunión y su Declaración fueron (con toda probabilidad) una maniobra preparada por los británicos para conseguir que los países representados en la conferencia, -y sobre todo EEUU- accedieran, como la mejor solución, a conceder al Reino Unido, como Mandatos, los territorios que había pactado con Francia en el Acuerdo Sykes Picot de 1916. Asì, argumentando el deber moral de implantar la Declaración Balfour y crear un reino árabe comprometido en la Correspondencia McMahon-Husayn*, Reino Unido pretendía que se incluyera en sus territorios la Palestina al este del Jordán y todo o parte de la Siria que Sykes y Picot habían pactado que sería zona de control francesa.
Pero esta Declaración Conjunta, por bien que sonase, no tenía ningún recorrido: había sido tramada para conseguir unos resultados a corto plazo, y no había sido pactada con los principales actores del drama: árabes y judíos.
¿Como se llegó desde la amistosa Declaración hasta el pogromo de Nebi Musa?
Veámoslo
Rechazo al Acuerdo Faysal-Weizmann
Faysal presentó el acuerdo a la Conferencia de París el 27 de enero, incluyendo una nota manuscrita en la que declaraba que su aceptación estaba supeditada al cumplimiento íntegro de las condiciones "pactadas" en la Correspondencia McMahon-Husayn. Pero en su comparecencia ante el Consejo Supremo de la Conferencia, el 6 de febrero, sugirió que el asunto de Palestina se dejará para más adelante. También presentó varios escritos e hizo declaraciones a periódicos que parecían contradecir su supuesta buena disposición hacia la inmigración judía, o un Hogar Nacional Judío.
Los sionistas presentaron también el Acuerdo el 3 de Febrero y comparecieron ante el Consejo Supremo el 27 de Febrero.
Pero el recibimiento del Acuerdo Faysal-Weizmann entre las dos comunidades, árabes y judíos, fue cualquier cosa menos entusiasta.
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Límites del Reino Árabe de Siria en Enero de 1920 (dentro de la linea roja) |
La intelectualidad y los círculos nacionalistas árabes rechazaron de plano cualquier acuerdo que supusiera aumento de la inmigración judía a Palestina, aceptación de la "
Declaración Balfour" o compromiso con cualquier grado de independencia o autogobierno de la Comunidad Judía
(1).
Sin embargo tales manifestaciones de rechazo al Acuerdo de Faysal con Weizmann no tuvieron ningún efecto negativo sobre su liderazgo a la cabeza de la independencia del mundo árabe, que fue confirmado en Mayo de 1919 en el
Congreso Nacional Sirio, y refrendado con su nombramiento como rey del efímero
Reino Árabe de Siria, un año después. Muy probablemente, sus partidarios comprendían que las declaraciones
sionistas de Faysal eran pura retórica destinada a atraerse simpatías internacionales; y, por encima de todo, no tenían una mejor alternativa.
Pero tampoco Weizmann tuvo mejor suerte entre sus compañeros de la Comisión Sionista o en el Yishuv. Buena parte de los sionistas creían sinceramente que Palestina (
Eretz Yisra'el en su terminología) era una tierra para los judíos, que retornaban a su país tras siglos de exilio; y -para ellos- la población árabe podía, bien reasentarse en otra parte dentro de los extensos territorios árabes circundantes, bien permanecer en Palestina. Esos sionistas excluían completamente formar parte de un reino árabe unificado como pedía el Congreso Nacional Sirio.
Incluso aquellos que veían con buenos ojos la posibilidad de un autogobierno temporal dentro de un Reino Árabe Unificado, y confiaban en el desarrollo futuro de su comunidad gracias a la inmigración, se vieron decepcionados por las retractaciones de Faysal inmediatamente tras el acuerdo Faysal-Weizmann, y acusaron al presidente de la Comisión Sionista de haberse dejado engañar por Faysal.
El caso es que el Acuerdo nunca tuvo ninguna posibilidad de servir de algo más que un Brindis al sol. No fue otra cosa sino una Declaración para convencer a los Aliados de que era viable un Estado Árabe democrático y respetuoso con las minorías en los territorios de mayoría árabe del antiguo Imperio Otomano.
De hecho, se decidió en la Conferencia de París, el 30 de Enero de 1919, que esos territorios serían segregados de la nueva Turquía, y gobernados según el moderno sistema de Mandatos.
Faysal, el 6 de Febrero, recordó ante el Consejo Supremo de la Conferencia las "promesas" de los británicos a través de McMahon (nunca fueron tales, como vimos aquí) y pidió la independencia de los territorios árabes, que adoptarían una forma de gobierno en forma de confederación (con él como Rey) y sugirió que el destino de Palestina no fuese abordado en la Conferencia de París.
El día 27 Weizmann presentó ante el Consejo Supremo la postura de la Comisión Sionista, basada en el Acuerdo Faysal-Weizmann exclusivamente. Dada la postura ya expresada por Faysal ante el mismo Consejo unos días antes, las retractaciones ante los notables sirios, y teniendo en cuenta que los judíos eran, apenas, un 11 % de los habitantes de la Palestina que sería luego adjudicada al Reino Unido como Mandato, sus palabras no tuvieron mucho eco en la Conferencia; aunque, en el Mundo Árabe, sobre todo en las capas menos cultivadas, contribuyeron a fomentar el rechazo al sionismo y a la comunidad judía. (2)
Había discrepancias entre los aliados. El Reino Unido era más favorable a la solución de crear reinos títeres bajo el gobierno de amigos suyos, como los hashemitas, mientras que los franceses, que se presentaban como protectores de los cristianos sirios y libaneses, no querían que sus antiguos aliados se apoderaran de todo Oriente Medio (los británicos seguían ocupando Siria y Líbano) y no se fiaban de Faysal: exigían la retirada de los británicos y la implantación del sistema de mandatos con los territorios delineados por el acuerdo Sykes-Picot. (3)
Comisión King-Crane
EEUU, siguiendo la idea patrocinada por Wilson de promocionar el autogobierno, propuso la creación de una comisión tripartita anglo-franco-estadounidense que estudiase los problemas de la región y los deseos de sus habitantes. Los británicos y franceses aceptaron inicialmente, pero finalmente se retiraron del plan, y la Comisión Interaliada de Mandatos en Turquía de 1919* (generalmente conocida como Comisión King-Crane, por el nombre de sus co-directores) viajó a la región en verano de 1919 para realizar sus trabajos.
La Comisión, puramente norteamericana, realizó su estudio mediante entrevistas con representantes de todas las comunidades implicadas, que expresaban sus opiniones a la manera de los "Cahiers de Doléances" de la Francia del siglo XVIII. Su opinión resultaba mediatizada por las opiniones antisionistas de uno de los co-directores, Charles R. Crane,* arabista y apasionado partidario de la independencia árabe. También, debido a que los traductores y las fuerzas militares que los protegían eran británicos, hubo cierto sesgo antifrancés y pro-británico en sus conclusiones y recomendaciones. Éstas eran, muy resumidas, las que más nos interesan:
- Los Comisionados recomendaban que se crearan dos Mandatos
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Argumentos pro y contra la creación del Hogar Nacional Judío
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separados: el de Siria Unificada (incluida "Siria del Sur"; o sea, Palestina) para el que recomendaban como Jefe del Estado a Faysal ibn Husayn; y el de Mesopotamia, para algún otro hijo de la familia de Husayn, Abdullah* o Zeid*. No se excluía específicamente la posibilidad de una confederación como había sugerido Faysal ante el Consejo Supremo. - Ambos Mandatos deberían ser asignados a una Potencia Mandataria que vigilase que los territorios accediesen, en el plazo de unos años, a una independencia bajo un régimen monárquico liberal y democrático. Los comisionados sugerían como Mandatario, en primer lugar a EEUU; y de renunciar ese gobierno (4) proponían como segunda elección el Reino Unido.
- Los Mandatarios y la Sociedad de Naciones servirían como garantes para proteger a las minorías (específicamente los cristianos libaneses, los judíos, los drusos, etc), las libertades religiosas, y los derechos de los fieles a visitar los Santos Lugares.
- La Comisión hacía referencia al rechazo absoluto de los habitantes de Siria al sionismo. Por "Programa Sionista", y por tanto, completamente rechazable incluían la posibilidad de crear cualquier forma de autogobierno judío, aumentar la inmigración judía o la compra de tierras ("presión financiera y social constante para que [se] entregue la tierra", en palabras de la Comisión).
- Por lo tanto, la Comisión recomendaba el abandono del Programa Sionista casi completamente, quedando los judíos en su situación actual de minorías dispersas en los diversos países de Oriente Medio, a los que el gobierno árabe garantizaría que los ciudadanos judíos ya residentes tuvieran "nuestros derechos comunes y asumirán las responsabilidades comunes". (5)
- Para que se vea la diferente consideración que recibían la minoría judía y los cristianos de Líbano, la Comisión argumentaba que "habría menos peligro de una actitud musulmana reaccionaria si los cristianos estuvieran presentes en el Estado en cantidades considerables, en lugar de estar ampliamente segregados fuera del mismo". Es decir, los cristianos tendrían menos riesgo de ser agredidos si su población se agregaba, pero se recomendaba que los judíos continuaban dispersos para no sufrir agresiones. (6) (7)
Aunque las recomendaciones fueron remitidas a la Delegación Estadounidense de la Conferencia de París en Agosto de 1919, no se hicieron públicas (por diversas razones, entre las que destaca la hemorragia cerebral del presidente Wilson, así como el riesgo de producir disturbios públicos) hasta el 2 de Diciembre de 1922, en la revista "Editor & Publisher".
Descontento árabe
Pero, aunque el informe definitivo no hubiera visto la luz, la propia creación de la Comisión y las entrevistas realizadas, preguntando por temas "calientes" -como la independencia, la unificación de una Gran Siria o el Sionismo- contribuyeron a la agitación de las masas árabes y su deriva hacia el nacionalismo árabe y el antijudaísmo. Como en el caso de los "Cahiers de Doléances", las expectativas que se levantaron -pronto decepcionadas- fueron una causa principal de los conflictos árabe-judíos que iban a comenzar en 1920.
Faysal abandonó París y volvió a Damasco donde, mientras tanto, el Congreso Nacional Sirio había proclamado su adhesión a un estado unificado sirio, con Faysal como cabeza dirigente. Pero sus esperanzas de que la Comisión King-Crane y el presidente Wilson sirviesen para desobstruir el camino hacia el sueño hashemita de un Imperio Árabe se vieron decepcionadas.
Los franceses y británicos, desentendiéndose de lo que pudiese resultar de la Comisión King-Crane, negociaban por su cuenta y, en Septiembre de 1919, firmaron otro acuerdo por el que los británicos se retirarían de Siria (conservando Palestina bajo su control) y Cilicia; en los territorios abandonados por ellos se desplegarían tropas árabes (el interior) y francesas (la costa y Cilicia). Los británicos conseguían el control de Palestina (incluyendo la región al Oeste del Jordán, que Sykes y Picot habían acordado que sería controlado por una Comisión Internacional) y Mosul (que inicialmente iba a ser área de influencia francesa), y los territorios que controlaban pasaron a ser, tras la Conferencia de San Remo, los Mandatos de Palestina y Mesopotamia; y los franceses, por su parte, vieron como les eran adjudicados los territorios de Siria y Líbano, que también constituyeron un Mandato.
Faysal quedó muy decepcionado y trato de convencer a los británicos para que abogaran ante Francia por la causa del reino árabe unificado. El Reino Unido se limitó a recomendarle que viajara a París para tratar de llegar a un acuerdo con el gobierno francés de Clemenceau. (8)
Faysal se entrevistó con el Presidente del Consejo de Ministros (Primer Ministro) francés y llegó a un acuerdo con él el 6 de Enero de 1920, en el que se reconocía "el derecho de los sirios a unirse para gobernarse a sí mismos como un país independiente" (9) y se estipulaba que no se estacionarían tropas en Siria mientras el gobierno francés siguiera siendo el único gobierno que proporcionara asesores, consejeros y expertos técnicos.
No sólo este pacto resultaba insatisfactorio -por sonar tremendamente similar a un Protectorado- para los nacionalistas sirios más jóvenes y extremistas (cada vez más descontentos con Faysal, a quien apoyaban por no tener otra alternativa) sino que, encima, nunca tuvo ningún futuro. El 20 de Enero, Clemenceau fue sustituido por Alexandre Millerand a la cabeza del Consejo de Ministros. Millerand no era muy colonialista, pero sí lo eran otros miembros de su gabinete como Philippe Barthelot** (Secretario de Asuntos Exteriores), que apoyaba al nuevo Alto Comisionado para el Levante Francés, Henry Gouraud, que por su parte defendía una política imperialista "dura" frente a turcos y sirios.
Faysal, cada vez más entre la espada del colonialismo francés y la pared del extremismo de sus partidarios más nacionalistas, e incapaz de hallar salidas a la crisis económica de los territorios que se suponía gobernaba, fue incapaz de construir consensos entre todas las partes. (10)
El descontento y los disturbios fueron en aumento; en varias zonas montañosas o de difícil acceso, partidarios de la independencia o de la separación de uno u otro grupo étnico religioso se organizaron en guerras de guerrillas, como la "revuelta de Hamanu"* o la "revuelta alauita de Saleh al--Ali"*.
En algunas ocasiones, los guerrilleros árabes, que buscaban atacar a pequeños destacamentos franceses -generalmente bien protegidos y que solían rechazarlos con pocas pérdidas- asaltaban a judíos, a quienes (como hemos visto con ocasión de la investigación King-Crane) identificaban como sionistas imperialistas que venían a desposeerles y, por tanto, en ausencia de los franceses, eran el enemigo.
Tel Hai e Independencia de Siria
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Monumento "León Rugiente" en memoria de los caídos en Tel Hai |
El 1 de Marzo de 1920, un emplazamiento judío situado en el "Dedo de Galilea", llamado Tel Hai, fue escenario de una pequeña batalla campal entre milicianos árabes chiítas, apoyados por beduinos de la zona, y fuerzas del Yishuv reforzadas por una decena de Hashomer (Guardianes).* (11) Ambos bandos perdieron media docena de combatientes; incluyendo, entre los judíos, a Joseph Trumpeldor, que se convirtió en un héroe nacional. Debido a la superioridad numérica de los atacantes, los judíos se vieron obligados a evacuar Tel Hai. Dos días después, la colonia de Kfar Giladi, atacada también por un nutrido grupo de beduinos, debió también ser abandonada.
Tel Hai y Kfar Giladi se consideran el inicio del conflicto árabe israelí a gran escala.
El 8 de Marzo, el Congreso Nacional Sirio -prorrogado desde 1919- declaró "la independencia plena y absoluta de nuestro país, Siria, incluida Palestina, dentro de sus fronteras naturales" (que pretendían incluir no sólo Siria, Líbano y Palestina, sino una parte del Norte de Mesopotamia) y "el rechazo de las reivindicaciones de los sionistas sobre Palestina como patria nacional o lugar de inmigración para los judíos". Se proclamó rey a Faisal ibn Husayn como Faisal I y se publicó un llamamiento para una federación política y económica con una Mesopotamia, también independiente, que sería gobernada por otro de los hijos del sherif Husayn: bien Abdullah, bien Zayd.
Estas proclamaciones suponían una bofetada en la cara de británicos y franceses; pero, al mismo tiempo, enterraban definitivamente los planes de Jaim Weizmann de construir un Hogar Nacional Judío o un lugar de inmigración para los judíos dentro de Palestina.
En Palestina (que los nacionalistas árabes llamaban Siria del Sur) se produjeron señales de agitación, que aumentaron en grado y entusiasmo conforme se extendían rumores sobre inverosímiles victorias sobre franceses y sionistas (un rumor, creído y extendido por los focos nacionalistas, hablaba de 1500 judíos muertos por ataques beduinos) y daban como hecho consumado la Siria independiente con Faysal como rey.
Así, si una manifestación convocada en Jerusalén para el 27 de febrero para montar descontento hacia "las potencias europeas y el sionismo" pasó sin pena ni gloria, otra celebrada en varias ciudades el 8 de Marzo, coincidiendo con la Declaración de Independencia siria, fue mucho más multitudinaria y acabó con varios judíos heridos por agresiones en Jerusalén, y daños en el Hospital Rothschild y varios comercios judíos. (12)
El Consejo Judío presentó una enérgica protesta ante la Comandancia Militar, que fue atendida (no se autorizaron más manifestaciones nacionalistas); pero los judíos consideraron que no podían confiar en la respuesta británica y decidieron apostar por la autodefensa. Ze'ev Jabotinsky formó un comité de haganah (defensa) del Yishuv y el Va'ad Zmani (Comité Provisional del Movimiento Sionista) dirigió una Proclamación a la comunidad árabe en la que rechazaba la acusación de querer desposeer a los árabes; insistía en su deseo de entablar unas buenas relaciones entre todas las comunidades que habitaban la región, y subrayaba las ventajas económicas que podían obtener los árabes de la inmigración judía; pero, al mismo tiempo, insistíap en la inevitabilidad del retorno de los judíos a su tierra ancestral.
En un escenario de efervescencia nacionalista árabe y de debilidad demográfica de la comunidad judía, con los británicos interesados en que la Conferencia de San Remo no recibiera una mala publicidad sobre su administración, la Proclamación dio al Yishuv una buena imagen ante la comunidad internacional, pero no sirvió para aplacar los ánimos de los nacionalistas árabes: todo lo contrario.
El Festival de Nebi Musa
Durante los últimos días de marzo hubo un aumento de incidentes como palizas a judíos, algaradas contra negocios hebreos o declaraciones agresivas de líderes religiosos de la comunidad árabe. Los sionistas, incluido Weizmann, se sentían desilusionados ante la falta de respuesta de los británicos, y los más extremistas abogaban por una confrontación directa con los árabes para forzar a las autoridades a reaccionar. El grupo de haganah de Jabotinsky atrajo a 500 voluntarios, con quienes formó un programa de instrucción militar (sin armas) a la vista de todos, intentando transmitir a los árabes que no eran los únicos que podían defenderse, y que debían restringir su propia agresividad.
El Gobernador Militar Roland Storrs* se negó a dar legitimidad a los grupos de autodefensa judíos ante la próxima fiesta de Nebi Musa, pero aseguró a su representantes que la situación estaba bajo control. Los acontecimientos pronto demostraron que su complacencia no estaba justificada.
El festival empezó el día 2 de abril (viernes), reuniendo a unos 60000-70000 visitantes de todo el mundo musulmán, pero no hubo incidentes graves hasta el domingo día 4. Ese día, una multitud de peregrinos procedente de Hebrón, inflamados por discursos políticos y religiosos agresivos (participaron figuras emergentes del nacionalismo árabe, como el periodista Aref al-Aref,* el futuro Muftí, Amin al-Husayni; o su tío Musa Qassim al-Husayni) sobre la Declaración Balfour, el sionismo y la independencia de Siria (se repartieron retratos de Faysal I) se desmandaron y comenzaron a agredir a los judíos, que sufrieron al menos 118 heridos. La Policía local, compuesta por árabes, no solo no restableció el orden sino que se hizo cómplice de las agresiones y los saqueos de negocios judíos.
Storrs, a requerimiento de los representantes judíos Jabotinsky y Pinhas Rutenberg,* mandó salir a tropas británicas y más tarde, ese mismo día, impuso un toque de queda nocturno, con lo que creyó haber restablecido el orden.
Pero, a las 06:00 a.m. del lunes, 5 de Abril, al ser retirados los militares a sus cuarteles y liberados los alborotadores detenidos, los disturbios se reanudaron con más fuerza. Los judíos de la Ciudad Vieja, muy minoritarios y con una falta absoluta de entrenamiento en combate, eran presa fácil para sus agresores, que realizaron ataques "de carácter cobarde y traicionero, en su mayoría contra ancianos, mujeres y niños, y con frecuencia por la espalda". (13) En cambio, los judíos de la Ciudad Nueva, más capaces de defenderse, y que contaban con los grupos haganah de Jabotinsky, vieron prohibido su ingreso a la Ciudad Vieja. Sólo consiguieron hacer entrar a dos personas, que trataron de organizar la defensa del Barrio Judío, pero era una gota de agua en un océano.
Por la tarde del mismo lunes, Storrs retiró a la policía árabe y declaró la Ley Marcial. El día 6, cansado de las peticiones de los judíos, que exigían mayor rigor contra los alborotadores o que les dejaran a ellos defenderse a sí mismos, y presionado por la prensa árabe, mandó registrar las casas de Weizmann, Jabotinsky y otros locales y casas de sionistas. Pese a encontrar sólo tres rifles y dos pistolas, hizo detener a 19 personas bajo la acusación de "tenencia ilegal de armas". Jabotinsky, en cuyo domicilio estaban las armas, no fue detenido por no hallarse en su casa, pero se entregó posteriormente.
La violencia continuó hasta el 7 de Abril. Se contabilizaron 5 muertos y 216: heridos entre los judíos; 4 muertos árabes y 18 heridos; y 7 británicos heridos, además de la destrucción de negocios y propiedades judías de la Ciudad Vieja, y varias violaciones
La Comisión Palin y el juicio
El Yishuv cargó la responsabilidad de la violencia sobre las autoridades británicas -que no sólo habían desoído las advertencias que durante meses los judíos les habían hecho llegar sobre el peligro de la situación, sino que habían desestimado las solicitudes de Jabotinsky y Rutenberg para conceder cierto estatus a la autodefensa judía, y una vez estallado el motín habían reaccionado tarde e insuficientemente- más que sobre las masas árabes, que habían sido un instrumento en manos de políticos crueles y ambiciosos, como los al-Husayni.
Para averiguar las causas de los disturbios los británicos crearon una comisión constituida (el 12 de Abril) por tres altos oficiales militares, dirigidos por el Mayor General Sir Philip Palin. Para sorpresa de todos, empezando por los miembros de la Comisión, -que lo hicieron constar en la Introducción- diez días después de constituir la Comisión Palin, el encargo de investigar los motivos de los sucesos del Festival de Nebi Musa se amplió (mediante un simple cablegrama) a informar sobre "el alcance y las causas de los sentimientos raciales que existen actualmente en Palestina". (Ver Nota 13) Palin y sus compañeros no eran historiadores ni diplomáticos, sino militares y, como la mayoría de los oficiales del Ejército, tenían una clara simpatía por las reivindicaciones de un Estado árabe bajo la tutela británica. La misión les venía grande.
La Comisión se reunió durante 50 días y entrevistó a 152 testigos. Se identificó adecuadamente que la violencia fue cometida, de manera desproporcionada, por grupos de árabes contra personas indefensas (mujeres, ancianos y niños, muchas veces por la espalda); pero, en cuanto a los factores desencadenantes y la responsabilidad del clima tóxico que había llevado al estallido de la violencia, la Comisión fue sometida a un bombardeo de propaganda e influencias que desenfocó sus investigaciones.
El 14 de Abril, levantada la censura de prensa que acompañó a la Ley Marcial, la prensa árabe se dedicó a difundir todo tipo de rumores de supuestas provocaciones judías (escupitajos sobre los peregrinos, lanzamiento de piedras al paso de la procesión, etc). (14) La prensa hebrea, con tiradas e influencias mucho menores, se centró, en cambio, en la responsabilidad de la Administración Británica, y en todo caso en los oradores árabes, que habían inflamado a las multitudes de peregrinos.
Pero, seguramente, tuvo mayor influencia sobre las conclusiones de la Comisión Palin la culpabilización de los británicos por parte de la prensa judía, Comisión Sionista y los testigos judíos que declararon. El enfrentamiento fue tan agrio que el Mayor General Sir Louis J. Bols,* Comandante Militar de Palestina y superior jerárquico de Storrs, pidió a Londres que se disolviera la Comisión Judía y se sustituyera por un Consejo Judío -nombrado por los británicos- más acomodaticio con la política del Reino Unido; por su parte, Weizmann y los sionistas, citando como testigo a un oficial británico simpatizante con el sionismo (un subordinado de Allenby, el Coronel_Richard Meinertzhagen) acusaron a Bols, Allenby, y en general a la Administración Militar de la OETA* Sur (Palestina) de fomentar los disturbios, incluso armando a los revoltosos, con el objetivo de lograr su reino títere árabe hashemita a costa de judíos y franceses.
Así las cosas, el informe de la Comisión Palin, (Ver Nota 13) que no se llegó a publicar -en vista del escándalo que se produjo en Londres tras las condenas por los sucesos de Nebi Musa, por la evidente parcialidad de las conclusiones y porque, a fin de cuentas, la OETA ya no existía- dedica la mayor parte de sus considerandos y conclusiones, no a investigar a los agresores, sino a disculparlos, encontrando mil y una razones para justificar sus acciones, y culpar a los sionistas, a quienes llama "indiscretos, arrogantes, soberbios, agresores..." y, en el colmo del disparate, les acusa (y al antisocialista Jabotinsky en particular) de "definidos agentes bolcheviques".
Unas 200 personas fueron llevadas a juicio (39 judíos) por los disturbios de Nebi Musa; la mayoría de los alborotadores árabes fueron absueltos por "falta de pruebas" o condenados a penas muy leves. Tan sólo uno de ellos, reconocido por varios testigos entre la turba que había herido gravemente a un judío llamado Moshe Lifschitz y violado a sus dos hermanas, de 25 y 15 años, fue condenado a 15 años de prisión. Dos de los oradores cuyos discursos habían inflamado las masas de peregrinos, Amin al-Husayni y el periodista y futuro historiador Aref al-Aref, fueron condenados a 10 años de cárcel in absentia porque, advertidos, habían huido de la ciudad.
Las sentencias contra los judíos fueron comparativamente mucho más graves. Los 19 judíos detenidos al tiempo que Ze'ev Jabotinsky fueron condenados a tres años de trabajos forzados. El propio Jabotinsky, en cuya casa se encontraron las únicas armas que se requisaron, se entregó voluntariamente cuando se enteró de las detenciones, pero fue liberado por un juez militar por no estar acreditado que las armas fueran suyas. Sin embargo, detenido unas horas más tarde, fue juzgado y condenado a 15 años de trabajos forzados por la posesión de otra pistola (que había conservado de sus tiempos de oficial del ejército británico) que había entregado voluntariamente a Storrs, el primer día de los disturbios, cuando fue a verle para pedirle protección frente a los alborotadores. (15)
Consecuencias
Los británicos detuvieron temporalmente la inmigración judía. Los árabes vieron aquello como una gran victoria, a costa de un precio muy bajo: unas pocas víctimas, que además -sus propagandistas se cuidaron de explicarlo a las masas- habían sido mártires por el Islam.
Por si fuera poco, las condenas (ya bajas en el caso de los responsables directos del pogromo) fueron anuladas por el indulto concedido al sustituir la Administración Militar por la Administración Civil de lo que será el Mandato de Palestina.
Nebi Musa, tras Tel Hai, suele ser considerado el inicio del enfrentamiento a gran escala entre árabes y judíos por el control de Palestina. El contexto político reúne el paso a la madurez del sionismo con el despertar de un nacionalismo árabe que se consideraba injustamente tratado por los turcos, después por las potencias europeas, y ahora amenazado por las aspiraciones de los judíos.
Para los judíos el pogromo de Nebi Musa supuso una dura lección y una buena enseñanza: no podrían fiarse de los británicos para que su protección quedase garantizada. La doctrina de haganah (defensa) puesta en marcha con los Hashomer y combinada con la importancia de la disciplina y organización aprendidas en los ejércitos modernos, formaron la espina dorsal de las organizaciones clandestinas judías (Haganah, Irgún, Lejí) y, unos años después, las modernas IDF.
Los árabes también sacaron enseñanzas: el poder de las masas populares, unidas por ideas simples, pero poderosas: la religión (el Islam) y la Independencia y Libertad bajo un líder (Faysal como rey de la Gran Siria entonces, Amin al-Husayni en una Palestina independiente más adelante). También la fuerza que poseen sobre los países democráticos los disturbios y algaradas: a cambio de.unos pocos muertos, se puede paralizar la inmigración judía, o evitar el arresto de un líder, como ocurrió años después con Amin al-Husayni.
Una comunidad más populosa, que descubre el poder de la demagogia para levantar multitudes contra otra, más pequeña, que apuesta por la modernidad y las estructuras democráticas
La tragedia estaba servida.
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* Enlaces en inglés. Aunque mis preferencias serán siempre enlazar a información en español, aunque sea menos completa, en algunos casos la diferencia en la información ofrecida justifica enlazar a páginas en otros idiomas. Ruego disculpen las molestias.
**Enlaces en francés.
***Enlaces en otros idiomas
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- Como hemos visto en la entrada anterior, el propio Faysal, en una entrevista publicada el 1 de Marzo en el periódico francés "Le Matin", supeditaba la aceptación de los judíos por la comunidad árabe a que "estén bajo un gobierno musulmán o cristiano, [con un] Mandato de la Sociedad de Naciones"; de lo contrario, seguía, "preveo graves conflictos entre ellos y las otras razas".
- La población judía de lo que entonces se llamaba OETA Sur, que vendría a ser el Mandato de Palestina, en las actuales Israel y Gaza/Cisjordania, era de un 11%. Sin embargo no se discutió la posibilidad de que, si las comunidades judías dispersas por el Oriente Medio (Iraq, Yemen, Siria, Irán, Turquía, Egipto, etc), hiciesen Aliyáh a Palestina, como estaba en el espíritu de la fundación de un Hogar Nacional Judío, su porcentaje sería mucho mayor. Nadie se dio cuenta de que la Comisión Sionista representaba también a los judíos de la Diáspora, un número muy superior a los que vivían por entonces en Palestina.
- También surgieron disputas territoriales entre franceses y británicos: en el Acuerdo Sykes-Picot correspondía a zona de influencia francesa el norte de Mesopotamia, incluyendo Mosul. Sin embargo, dada la postura de mayor fuerza de los británicos en la región, los franceses se vieron obligados a renunciar a esa zona en beneficio del Mandato Británico de Irak.
- La política del presidente demócrata Woodrow Wilson y el ánimo revanchista de sus aliados europeos en los Tratados que pusieron fin a la Guerra habían enojado a los Demócratas estadounidenses de origen alemán, provocando riñas internas en el Partido; y se preveía una debacle en las siguientes elecciones (como así ocurrió) con triunfo arrollador de los Republicanos, que proponían una actitud aislacionista.
- Es decir, las mismas promesas de benevolencia de Faysal, en la entrevista del 1 de Marzo a "Le Matin", retractándose de su acuerdo con Weizmann.
- Los Comisionados calcularon en "al menos 50.000" las tropas necesarias para respaldar la implantación de un Programa Sionista. La Comisión detectó en sus entrevistas el rechazo casi unánime de la población árabe, tanto musulmana como cristiana, a los intentos de los sionistas por retornar a Palestina, y la disposición para impedirlo por las armas, si era preciso. Esta agresividad, que no existía contra otros grupos, como los cristianos, había sido explicada por León Pinsker en "Autoemancipacion" (1882) o Theodor Herzl en "El Estado Judío" (1896) como la consecuencia precisamente de la falta de un Estado independiente que sirviese de refugio a los judíos.
- No todos estuvieron de acuerdo con esas conclusiones sobre la suspensión del Programa Sionista: William Yale, observador del Departamento de Estado y asesor de la Comisión, escribió un informe minoritario oponiéndose a las Conclusiones de la Comisión porque consideraba que "el nacionalismo árabe había sido inventado por fanáticos antisionistas" (no sólo árabes, sino también británicos); y no le faltaba razón en cuanto a que el Foreign Office creó y financió con absoluto descaro la "Rebelión Árabe"; el propio Faysal y su "corte" percibían el equivalente a un millón de dólares mensuales en 1919 (Knee, Stuart: "Revista de Estudios Americanos de Turquía" Nº 5 (1997): 3-18). También opinaba que la Declaración Balfour debía cumplirse "debido a las numerosas ventajas que la iniciativa judía aportaría a Oriente Medio" (lo cual fue evidente en los años siguientes, como reconocieron las comisiones que estudiaron el problema de Palestina: Comisión Peel, Comité nglo-americano, etc)
- En todos estos tejemanejes no sólo influían los intereses geoestratégicos y el prestigio, sino los económicos: la riqueza en hidrocarburos de la zona y los intereses de las principales compañías petrolíferas de Reino Unido y EEUU; y la inmensa deuda del Imperio Otomano con bancos británicos y franceses, cuya devolución corría peligro sin la creación de una Turquía viable.
- Paris, Timothy J: "British, the Hashemites and Arab Rule; 1920-1925"; Frank Cass, London •Portland (2003); Pgs 64-66
- La crisis económica era consecuencia de un sistema monetario tremendamente endeble, malas cosechas, hambrunas (sobre todo en el interior del país, la zona controlada por los sirios) y una emigración hacia el sur, hacia Palestina. Era una constante de la región que, a través de las permeables fronteras, muchos árabes de Siria y Líbano fueran a buscar mejores condiciones de vida en zonas más prósperas. De ahí que muchos "palestinos" de 1947 fueran de origen o descendencia extraña a Palestina.
- El "Dedo de Galilea", según el tratado anglo francés de Septiembre de 1919, debía quedar bajo control de los franceses. Al retirarse los británicos de la zona y no disponer de suficientes tropas los franceses para asegurar la región, varios asentamientos judíos, entre ellos Metula , Kfar Giladi, Tel Hai y Hamra, quedaron prácticamente a expensas de sus propios recursos defensivos.
- Caplan, Neil: "Palestine Jewry and the Arab Question, 1917-1925" (Ed. Frank Cass; London, 1978) Pg 53
- Comisión Palin Port Said, 1 de Julio de 1920.
- Caplan, N. Op. Cit. pg 59; Segev, Tom: "One Palestine, complete; Jews and Arabs under British Mandate" Ed. Picador, 2001. Durante varias semanas, las comunidades judías más aisladas temblaron ante la posibilidad de una "venganza" de los árabes por la "agresión".
- El doble rasero de las condenas, junto con algunos aspectos de la Investigación de la Comisión Palin y de las declaraciones de algunos oficiales británicos (como Storrs, que negó recordar si Jabotinsky le había informado de "Autodefensa Judía", cuando en la ciudad lo sabían incluso los árabes) levantó un clamor de protesta en Londres. Hubo editoriales en periódicos (incluido el prestigioso "The Times") y debate en el Parlamento sobre la parcialidad de los militares y funcionarios británicos en Oriente Medio. Finalmente, el Comandante de las fuerzas británicas en Egipto y Palestina, Walter Congreve,* rebajó las penas de los activistas judíos, por considerarlas injustas; pocos meses después, la nueva Administración Civil de Palestina, con el Alto Comisionado Sir Herbert Samuel, concedió un Indulto General para delitos políticos. Los encarcelados y los exiliados salieron libres. No solo éso, sino que el Alto Comisionado eligió para líder de la comunidad árabe al mayor intrigante de una región del mundo especialmente fecunda en líderes intrigantes: Amin al-Husayni
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