miércoles, 8 de octubre de 2014

COMPLOT SOBRE EL JORDÁN: LA CONSPIRACIÓN QUE NUNCA EXISTIÓ (II)

INTRODUCCIÓN

La entrada anterior era la primera de una serie en la que estudiaremos si pudo existir una conspiración entre la Agencia Judía* y el rey Abdullah de Transjordania para, en palabras del historiador revisionista israelí Avi Shlaim...
"...repartirse Palestina tras la terminación del Mandato de Palestina. Conscientemente y deliberadamente se planeó frustrar la intención de la Comunidad Internacional, que había sido expresada a través de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en favor de crear un Estado Árabe Independiente en parte de Palestina."
Veíamos que la acusación no era nueva, pues, ya desde el final de la guerra -en la que Transjordania fue el único país árabe que se engrandeció territorialmente- partidarios del Muftí, políticos o historiadores opuestos a la anexión forzosa de Cisjordania a Transjordania, británicos que sospechaban de las intenciones del rey transjordano y enemigos de Abdullah en general, ya le acusaron de connivencia con los judíos, con los británicos o ambos. A ellos se han unido, desde los años ochenta, los "nuevos historiadores" israelíes, como el propio Shlaim, que con el argumento de haber podido tener acceso a miles de documentos recientemente desclasificados por el Gobierno y las Fuerzas Armadas de Israel, han vuelto a presentar viejos cargos contra Israel y -en este caso- contra Transjordania y el Reino Unido, como veremos.

Respecto al citado "complot" Israel-Transjordania, veíamos que la principal prueba de cargo presentada eran los informes redactados por dos agentes sionistas -Eliyahu Sasson*, y Ezra Danin*- y el Informe Verbal presentado ante el Gobierno Provisional* del futuro Estado de Israel por Golda Meir que se había entrevistado con el rey Abdullah en calidad de Presidente en funciones (1) del Departamento Político de la Agencia Judía. 

Sin embargo, examinados los tres testimonios de los agentes sionistas comprobamos que no sólo no hay en ellos pruebas de que el 17 de Noviembre de 1947 se repartiera el Mandato de Palestina entre Transjordania e Israel -de hecho, Golda Meir no tenía ni de lejos la capacidad para haber firmado un pacto de esas características a espaldas de la Agencia Judía- sino que:
  1. El Rey de Transjordania ofreció su "protección" a los judíos si aceptaban renunciar a su independencia e integrarse en su reino, en calidad de minoría sin fuerzas armadas, sin Asamblea Legislativa propia y, probablemente, siendo utilizada como motor económico del resto del país.
  2. Golda Meir, en nombre de la Agencia Judía, declinó la oferta cortés pero firmemente.
  3. El rey como "ejercicio de pensar en voz alta" preguntó a sus invitados su opinión sobre una probable invasión de la parte árabe de Palestina con la intención de anexionarla a Transjordania.
  4. Golda Meir respondió que la Agencia Judía no podía respaldar dicha invasión ni militar ni políticamente -dado que iba en contra de la Resolución de la ONU- a no ser que la incursión fuera breve y limitada, con el objeto de "mantener la Ley y el Orden, y preservar la paz hasta que la ONU pueda establecer un gobierno en el área".
  5. La reunión terminó con una vaga promesa de volverse a reunir inmediatamente tras la votación del Plan de Partición de la ONU, pero nunca se celebró dicha entrevista. La próxima vez que Golda Meir visitó a Abdullah -el 11 de Mayo de 1948- fue un desesperado intento de que el rey transjordano no se adhiriera a la agresión árabe que iba a comenzar cuatro días después. Abdullah respondió que le era imposible no ir a la guerra y, en su lugar, pidió que Israel no proclamase su independencia y reiteró su oferta de "proteger" a los judíos si se avenían a integrarse en su reino como súbditos.
Continuando con la teoría conspirativa construida sobre un supuesto complot para destruir el Estado Palestino que iba a salir de la declaración de la ONU, vemos que Avi Shlaim y otros "historiadores revisionistas" israelíes -siguiendo también los pasos de varios autores árabes que desde 1949 han tratado este tema- no se limitan sólo en culpar a la Agencia Judía y a Abdullah. También dicen haber encontrado pruebas de que el Reino Unido dio "luz verde" a ese complot siniestro.

Como ese complot no existió más que en la rabia de quienes quieren encontrar conspiraciones y poderes maquiavélicos que justifiquen la humillante derrota sufrida, así como en la agenda política de determinados historiadores que parecen haber olvidado las reglas del juego de la historiografía, podemos decir desde ahora que los británicos no dieron luz verde, roja ni ultravioleta a un contubernio que no existió.

Imagino que tendrán curiosidad por ver con qué nos salen ahora nuestros amigos conspiracionistas. Pronto iremos a ello. Pero, primero, haremos una exposición -que a algunos les parecerá demasiado larga- sobre la orientación de la política británica en el Mandato de Palestina. Es imprescindible para que puedan juzgar si el Reino Unido pudiera, o no, estar de acuerdo con un hipotético complot jordano-judío. 

B) LA ENTREVISTA BEVIN-TAWFIQ ABU al-HUDA

Bases de la política británica durante el Mandato de Palestina

La Sociedad de Naciones encomendó el Mandato de Palestina (que incluía también la actual Jordania) al Reino Unido en 1920.  Palestina era, en teoría, un Mandato de clase A, que la Sociedad de Naciones definía como "aquellas comunidades que habían alcanzado cierto grado de desarrollo que permitiría su viabilidad como países próximos a una independencia, siempre que contasen con los consejos y auxilios de un mandatario hasta que sean capaces de conducirse por sí mismas"; pero oficialmente nunca fue definido dentro de ninguna categoría, quizás porque ya se preveía las complicaciones que se iban a presentar. 

Efectivamente, la Potencia Mandataria (Reino Unido) debía "asegurar el establecimiento de un Hogar Nacional Judío" (que no es lo mismo que un Estado Independiente) y "salvaguardar los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina". La conciliación de ambas cuestiones iba a resultar demasiado difícil para los diplomáticos británicos.

La intención de los británicos no era la de permanecer indefinidamente en Palestina. Por Mandato de la Sociedad de Naciones, pero también por propia convicción, su idea era facilitar la creación de estructuras organizativas que permitieran el acceso a la independencia en pocos años pero, eso sí, manteniendo lazos comerciales y alianzas estratégicas y militares con el Reino Unido. Es decir, crear estados independientes -pero clientes de los británicos- en Oriente Medio, de modo que se calmase el fervor nacionalista árabe, al tiempo que se facilitase el control de las dos rutas vitales hacia la India y Extremo Oriente: el Canal de Suez y la ruta terrestre, a través de Mesopotamia, hacia la India.

Dado que, como hemos dicho, "Hogar Nacional Judío" no significa necesariamente la creación de un Estado Judío independiente, la solución podría haber estado en un Estado unitario con mayoría árabe y representantes judíos proporcionales a la demografía. Sin embargo, tal idea resultó imposible de realizar: los Judíos Revisionistas la rechazaron de plano, y a la Haganah tampoco le entusiasmaba la perspectiva de formar una pequeña minoría en un Estado árabe totalitario. Pero lo decisivo fue el repudio absoluto de la comunidad árabe (89 % de la población) que se negó en redondo a compartir la soberanía con los judíos (aunque fuera concediéndoles a ellos una clara mayoría en las instituciones) y, de hecho, se negaron a participar incluso en las conversaciones (2) .

Los británicos tenían buenas intenciones, pero cometieron serios errores. El nombramiento de Herbert Louis Samuel como Alto Comisionado de Palestina fue, quizás, uno de ellos. Para empezar, la Administración Militar británica se opuso a que un político civil fuera nombrada máxima autoridad de la zona antes de que Turquía firmase el Tratado de Paz, creando así una duplicidad de poderes. Pero peor fue que, puesto que Samuel era judío, la comunidad árabe y musulmana puso el grito en el cielo y anunciaron que no colaborarían con él:
"Consideramos a Sir Herbert Samuel como  un líder sionista, y su nombramiento es el primer paso para la formación de un Hogar Nacional Sionista, en medio del pueblo Árabe, y [esto es absolutamente] contrario a sus deseos. Los habitantes [del país] no pueden reconocerlo, y la Sociedad Musulmán Cristiana no puede asumir la responsabilidad de [evitar] motines u otros disturbios [que perturben] la paz"
Telegrama de la Sociedad Musulmán-Cristiana al Administrador Militar de Palestina, Louis Bols
En realidad, Samuel era un judío asimilado y su fidelidad estaba más por la causa británica que por el sionismo. Quería crear un Hogar Nacional Judío, pero más porque lo ordenaba la Sociedad de Naciones que por su raza o religión. Pero el caso es que, nada más empezar, se encontró con que su autoridad era rechazada tanto por algunos británicos como por árabes. Durante el resto de su Mandato, hasta 1925, intentó actuar con imparcialidad y justicia, pero el deseo de conciliación con los árabes le llevó a cometer varios errores.

En Abril de 1920 habían estallado disturbios en Jerusalén** que causaron una decena de muertos y casi trescientos heridos; el Informe de la Comisión Palin, aunque reconociendo que la erupción de violencia provenía de los árabes, culpó al sionismo por haber "provocado la angustia de la población árabe"; y una corte marcial,  intentando ser "salómónica", condenaba a Vladimir Jabotinsky a quince años de trabajos forzados, mientras que Haj Amin al-Husayni y otros instigadores de la violencia eran condenados a penas menores.(3)

Las críticas por las condenas de los judíos, mucho más duras que las de los árabes, alcanzaron la Prensa e incluso al Parlamento británico. Aprovechando su reciente mandamiento, e intentando salir del avispero que le habían dejado, Herbert Samuel decretó una amnistía a principios de 1921. Haj Amin al-Husayni y Aref Al-Aref*, condenados a diez años, no se beneficiaron de la amnistía - por estar en rebeldía- pero en marzo de 1921 Samuel, en su línea de encadenar errores, concedió un perdón general sin condiciones.

Pero no quedaron las cosas así. Los Nashabishi ocupaban la influyente alcaldía de Jerusalén, y Samuel deseaba equilibrar el poder en la comunidad árabe musulmana y atraerse la amistad del clan al-Husayni, más extremistas, que habían participado en los disturbios de 1920. Por lo tanto, en las elecciones a Muftí de Jerusalén en 1921, Samuel obligó a renunciar al candidato más votado (Hussam al-Din Jarallah*) para que así Amin al-Husayni, que era el cuarto candidato por número de votos, pasase en la terna que se presentaba al Alto Comisionado,(4) y fue elegido, a pesar de ser el menos votado de los tres candidatos que quedaban.

En Diciembre de 1921 Samuel creó el Consejo Supremo Musulmán* y al mes siguiente Amin al-Husayni, nuevamente con la ayuda de Samuel, fue elegido su presidente. En pocos meses, y gracias (o ¿por culpa?) a los británicos, Amin al-Husayni controlaba los asuntos religiosos, judiciales y legales, el nombramiento de los maestros de la sharia(Ley islámica), de los predicadores y los jueces, y controlaba grandes sumas de dinero procedente de las donaciones para orfanatos, waqfs, etc. Se había convertido en el hombre más poderoso de la comunidad musulmana.

Samuel no había actuado así por inclinaciones personales. En línea con la política de "appeasement" (5) de los gobiernos británicos -y, a regañadientes, franceses- buscaba evitar la guerra (incluso en un escenario considerado secundario, como Palestina) negociando con sus enemigos, incluso haciendo concesiones, en lugar de ir al choque armado, que se consideraba -y no sin razón- perjudicial para todos. En el caso de Amin al-Husayni, Samuel creyó que mostrando su benevolencia hacia él ganaría un amigo para Reino Unido; además, en las entrevistas que mantuvieron, el Muftí se presentó como amigo de la paz, que podía canalizar las protestas de sus seguidores y de las masas árabes hacia la negociación, más que hacia la violencia.

H. Samuel y W.Chuchill, 1921
Mientras Herbert Samuel metía una pata tras otra, en Londres. Winston Churchill era nombrado Secretario de Estado para las Colonias en el Gobierno de Coalición de Lloyd George. Consecuentes con su política de minimizar las costosas -y poco rentables política y económicamente- ocupaciones militares, los británicos procuraban crear "esferas de influencia" mediante tratados comerciales y militares con países estables gobernados por estadistas amistosos hacia el Reino Unido. Así, por ejemplo, en lugar de sustituir el dominio del Imperio Otomano por un Imperio Árabe (cosa a lo que aspiraba el Sharif Husayn Ibn Alí de La Meca y la dinastía hashemita, pero que jamás entró en los planes del gobierno británico) (6) la intención del Gobierno británico fue siempre la de colocar fieles aliados, que no fueran lo suficientemente fuertes como para crearles problemas, pero al mismo tiempo no fueran vistos como "europeos" por el pueblo árabe. La creación de varios Estados árabes gobernados por una dinastía de segunda fila con poco carisma entre los árabes (7) -pero al fin y al cabo árabe- cumplía ambas características.

Los elegidos eran los hashemitas, militarmente menos dotados que los temibles Muhammad Alí al-Idrisi de Asir o Abdelazis Ibn Saud de Nejd, pero más seguros, en razón de su propia debilidad y de que sus "triunfos" militares los debían sólo al dinero, la influencia, y las armas británicas. El primer hijo de Husayn, Alí, heredaría el trono del Hijaz (aunque lo perdería poco después a manos de Ibn Saud). El tercer hijo, Faisal ibn Husayn, menos inteligente que Abdullah pero que había impresionado a Lawrence más -debido a su físico; Abdullah era muy corto de estatura- tras su expulsión de Siria por los franceses*, fue coronado por los británicos como rey de Iraq en 1921, después de un plebiscito seguramente fraudulento..

Coronación de Faisal como rey de Iraq
Quedaba por "colocar" el segundo hijo: Abdullah, el más astuto de la familia, pero postergado por Faisal. Como no podía acceder al trono del Hijaz, fijó sus miras en Iraq. Sin embargo, tras la expulsión de Faisal de Siria, se dio cuenta de que su hermano menor le "pisaría" también este reino, y pensó en Transjordania (unida entonces al Mandato de Palestina), al menos como un primer señorío desde el que expandirse al resto de Palestina, la Gran Siria, quizás Iraq. Abandonó el Hijaz con cientos de partidarios, supuestamente para mostrar apoyo a su hermano Faisal contra los franceses; pero en realidad, siguiendo su propia hoja de ruta, se instaló, primero en el Oasis de Mana'a, luego en Amman, desde donde organizó -o dejó que se organizaran- disturbios anti británicos y anti franceses.

Los orientalistas T.E. Lawrence y Hubert Young*, consejeros en Asuntos Árabes, estuvieron de acuerdo en que "Abdullah, como Faisal, era menos peligroso como gobernante instalado que como verso suelto".(8) Y así, Churchill, siguiendo la tónica de poner en los tronos de los países árabes que surgieron del despojo del Imperio Otomano a príncipes fieles a los británicos, y la política de "appeasement" (El Cairo, 21-24 Marzo 1921*) ofreció a Abdullah (Jerusalén, 28-30 de Marzo) un gobierno de Transjordania sujeto al Alto Comisionado de Palestina. Abdullah pretendía más: aceptaba mandar en Transjordania, pero con el Mandato y el Alto Comisionado sujeto a él; Churchill se negó, y tras protestas de Abdullah pidiendo que "se le considerase un oficial británico y se confiase en él", Churchill y Abdullah se pusieron de acuerdo: Abdullah renunciaba -por el momento- a su expansión hacia Siria, Iraq o una Transjordania independiente, y se comprometía a acabar con los disturbios antieuropeos; a cambio, el Reino Unido votaría ayudas económicas para Transjordania, al tiempo que expandiría y reforzaría la recién creada Legión Árabe hasta crear un ejército moderno. Churchill creyó haber ganado la partida, pero Abdullah pensaba a más largo plazo: pensaba convertirse, gracias al subsidio inglés y la Legión Arabe, en el más poderoso estado de la zona y engullir Palestina, quizás Siria, quizás Iraq.

La política británica de entreguerras en el Mandato de Palestina estaba ya fijada en sus líneas maestras, y seguiría ya inamovible (aunque no siempre triunfase, como en el caso del nacimiento de Israel) prácticamente hasta 1949:
  • Creación de Estados Árabes independientes estables, gobernados por dirigentes -democráticos o no- amistosos hacia los británicos (aunque la población no lo fuera).
  • Creación de un Hogar Nacional Judío, pero no necesariamente un Estado Independiente.
  • Dada la hostilidad de los árabes hacia los judíos, que ponía en peligro el "appeasement" y la suspicacia de los británicos ante las ideas socialistas de buena parte del Yishuv, la política británica evolucionó cada vez más a evitar la inmigración judía, impedir la creación de un Estado Judío Independiente, y en su lugar buscar un asentamiento limitado, en parte de Palestina, bajo control de algún soberano árabe benevolente, a cuyo país los judíos pudieran servir de "motor económico"
Los "Libros Blancos" y la política de "Appeasement"

Siguiendo esta política, Winston Churchill publicó el "Libro Blanco de 1922*" una obra maestra de appeasement, en el que se comprometía a aplicar la Declaración Balfour para crear un Hogar Nacional Judío, pero limitando la inmigración a lo que permitiese "la capacidad absortiva" (fórmula vaga e inespecífica donde las haya) de la economía palestina; y se declaraba fuera de lugar aplicar administrativamente el Mandato de Palestina al Este del Jordán, cuyo gobierno se concedía al emir Abdullah. Aunque oficialmente la escisión sólo era administrativa -Transjordania seguía siendo teóricamente dependiente del Mandato- en la práctica se sentaba la base para la creación de un nuevo país, con el 80 % del territorio del Mandato y (a pesar de que su poca densidad permitía cómodamente la inmigración) se prohibía el asentamiento de inmigrantes judíos.

En los años sucesivos todo continuó igual. Reino Unido había concedido a los hijos de Husayn estados independientes árabes (que era lo que había prometido -o, mejor, los árabes decían que había prometido (9)- y, desde luego, más de lo que merecía la mezquina ayuda que recibió de la "Rebelión Árabe")(10). A cambio, los hashemitas (no así la población local) eran fieles a los británicos, y la paz relativa, solo perturbada por algún alboroto aquí y allá, permitió que la economía -favorecida por la Inmigración judía- diera un brusco acelerón,

En 1928, el Reino Unido y Abdullah firmaron un tratado formal; la intención británica era, tanto evitar la colonización judía al Este del río Jordán, como preservar la región de la influencia de los wahabbies de Arabia. Transjordania sería un emirato, del que Londres gobernaría la Política Exterior, el Ejército, el Presupuesto y los transportes. Amman seguiría siendo nominalmente dependiente del Gobierno inglés hasta la firma del tratado de 1946, que otorgó la independencia al país, a cambio de un acuerdo militar con Reino Unido. Este tratado, y concretamente el anexo militar, fue visto por la opinión pública como una continuación del dominio militar.

Destrucción de propiedades
judías en Hebrón (1929)
En 1929 estalla otro motín*, impulsado por el Muftí de Jerusalén y otros nacionalistas árabes; las peores consecuencias se sufren en Hebrón*, donde los asesinos matan a más de sesenta judíos. El comportamiento de los británicos es, nuevamente, de buscar la "conciliación": Se nombra la Comisión Shaw* que, aunque encontrando culpables materiales a los árabes de un ataque cruel (viciously) y sin sentido (wanton), deduce que la causa es el miedo de los árabes a la inmigración judía, y recomienda que realice una investigación científica para limitar la inmigración a las posibilidades del país.

Sobre esta recomendación, las Autoridades británicas encargaron el Informe Hope-Simpson*. Este informe fue muy criticado en su tiempo, y más posteriormente, porque sus conclusiones no se deducían de los hallazgos. A pesar de tener pruebas de la inmigración ilegal árabe desde los países vecinos, del empuje de la economía palestina por la inmigración judía, de la venta de propiedades de manera voluntaria por parte de los árabes, a precios muy superiores a los de mercado, y de otras pruebas de las ventajas de la inmigración judía, Hope-Simpson se limitó a concluir que "no había suficiente tierra para un flujo de inmigrantes continuos"(11) y, por tanto recomendó suspender la inmigración. Ni siquiera consideró la industria y los servicios que la inmigración judía ayudaba a crear.

Con las conclusiones de la Comisión Shaw y el Informe Hope-Simpson, en Octubre de 1930 el Secretario de Estado para las Colonias, el laborista Lord Passfield*, promulgó un nuevo "Libro Blanco"*, de tono decididamente antisionista. En él se criticaba abiertamente a la Agencia Judía, a la organización de sindicatos Histadrut, y se limitaba fuertemente la inmigración legal judía, sin hacer referencia a la inmigración ilegal árabe. Teniendo en cuenta que esta cadena de informes y comisiones había surgido a consecuencia de unos pogroms "crueles y sin sentido" desencadenados por los árabes contra judíos indefensos, la conclusión era, cuando menos, peculiar. La cadena de protestas entre la oposición británica y organizaciones judíos de todo el mundo llevó a Ramsay McDonald, Primer Ministro, a escribir una carta contemporizadora* a Jaim Weizmann prometiendo que los británicos no abandonaban la "creación de un Hogar Nacional Judío", pero no se retiró el "Libro Blanco".

La política de los británicos de "conciliación" era como caminar por el filo de una navaja. Bastaba que alguien diera un empujón para caer hacia un lado. Y ese empujón lo dio la elección como canciller de Adolf Hitler y la proclamación de las leyes de Nürenberg, que desposeyeron a medio millón de judíos de su ciudadanía. Trescientos mil de ellos emigraron (dejando atrás casi todas sus posesiones) y, como la recepción de otros países no fue como para tirar cohetes, muchos trataron de emigrar a Palestina. Hasta entonces las restricciones que los británicos imponían a la inmigración de judíos pesaban sobre todo sobre los judíos pobres (sin medios de vida salvo la agricultura) y en la prohibición de venta de tierras; pero quienes tenían un cierto poder adquisitivo (unas £500, una cantidad considerable) obtenían un visado sin demasiados problemas (viene a pasar lo mismo con la inmigración actual: no es lo mismo una patera que una limusina). Pero la inmigración alemana (la quinta aliyah) traía a judíos ricos (aunque hubieran perdido mucho en la huida de Alemania), intelectuales, bien relacionados... y en grandes cantidades. Durante los años treinta del siglo XX, se calcula que emigraron unos 225000-300000 judíos del Reich, Es lógico que la comunidad árabe se sintiera alarmada (aunque no es tan lógico que muchos que, en el mundo occidental, defienden hoy en día la apertura de las fronteras a los inmigrantes africanos y del mundo árabe que huyen de la miseria estén en contra de aquella aliyah que huía de algo peor aún).

El caso es que los disturbios fueron aumentando en frecuencia e intensidad y, finalmente, estalló la "Gran Revuelta de 1936-1939". En 1937, entre la primera y la segunda fase de la rebelión, los británicos nombran la "Comisión Real para Palestina" o "Comisión Peel" que, en sus conclusiones, apuesta por primera vez por una Partición en dos Estados y una Zona Mandataria que incluiría los Santos Lugares y algunos enclaves. Las conclusiones son rechazadas por ambas partes, pero mientras los judíos -exceptuando los más extremistas- aceptan el principio de una Partición como base para negociar, los árabes recurren a la violencia: reanudan la "Gran Revuelta". Sin embargo, clarificado el camino hacia la paz en Europa en Octubre de 1938, los británicos pueden dedicar más atención a sofocar la rebelión, y en 1939 la derrota militar de la "Revuelta" es absoluta.

Sin embargo, políticamente es otra cosa. Si el "appeasement" triunfaba en Europa ¿por qué no usarlo para tranquilizar a los árabes? Como en las veces anteriores, el Gobierno británico culpa de la violencia a la inmigración judía y promulga otro "Libro Blanco", esta vez limitando la cuota de inmigración sólo a setenta y cinco mil judíos en cinco años, y sólo aquellos que los árabes quieran aceptar (o sea, cero) posteriormente. También se promete la independencia a una Palestina árabe en diez años; sin embargo, los árabes rechazan la oferta: exigen independencia inmediata y la expulsión de los judíos que hayan inmigrado tras 1917.

Pese a este rechazo, pese al apoyo del Yishuv al esfuerzo aliado, que contrasta con la indiferencia o la postura claramente a favor de las Potencias del Eje de la Comunidad Palestina; pese a que en 1942 ya se conocieron datos muy seguros sobre la barbarie nazi; pese a las traiciones de muchos líderes del mundo árabe a la causa aliada, el "Libro Blanco" no se rescindió.

Todo lo contrario: se tomaron medidas para evitar que llegasen barcos de inmigrantes ilegales, (como el MV Struma*) o se ocultaba la inmensa diferencia entre los alistamientos del Yishuv y de los árabes palestinos (unos 135000 voluntarios judíos -22% de su población-, por apenas 9000 árabes, menos de un 1 %) siempre para no enajenarse a las masas árabes.

Hacia la Partición... y más allá

Hitler afirmó más de una vez que una guerra angloalemana traería consigo la destrucción del Imperio inglés. Y, hasta cierto punto, tenía razón. El Reino Unido salió del conflicto arruinado, endeudado con los EEUU hasta un punto que comprometía su propia viabilidad, y en una situación estratégica que hacía imposible la supervivencia de su Imperio colonial. Lo que los estadistas británicos habían ido comprendiendo en el período de entreguerras -que a medio plazo resultaría imposible el mantenimiento de colonias controladas militarmente mediante ejércitos de la metrópoli- se hizo claro ya para todo el mundo. La política exterior inglesa, aunque los laboristas habían derrotado sorprendentemente a los conservadores y gobernaban con una de las mayorías más altas de la historia del Reino Unido, cambió poco. 

Tras haber hecho -y ganado- una guerra mundial, volvieron al "appeasement" y a intentar contar con países estables, relativamente débiles, dirigidos por gobiernos -democráticos, o no, para la política del Foreign Office daba igual- amistosos. De hecho, los laboristas, que en 1944 apoyaban un Estado judío independiente con transferencia de población forzosa (los propios "viejos" sionistas como Ben Gurion y Weizmann veían esos planes como demasiado agresivos), tras ganar las elecciones cambiaron de postura radicalmente, con Ernest Bevin* (Secretario de Estado de Asuntos Exteriores) como máximo opositor a la Partición y a la creación del Estado de Israel.

En 1946 cientos de miles de supervivientes habían perdido su patria, su familia, todo lo que tenían, y muchos de ellos deseaban entrar en Palestina. El mundo entero era consciente del horror del Holocausto y de lo poco que se había hecho para evitarlo. La opinión pública mundial simpatizaba con la causa sionista y el propio Truman pidió en Agosto de 1945 que se abriesen las puertas de Palestina a 100000 supervivientes del Holocausto.

Los británicos, por supuesto, no estaban de acuerdo: los árabes, que tan poco habían hecho por ayudar a la causa aliada (exceptuando Transjordania) dejaron bien claro que no se consideraban responsables del genocidio de los judíos, que rechazarían nuevas oleadas de inmigrantes judíos, e impedirían por la fuerza, si fuese necesario, la creación de un Estado judío "aunque fuera del tamaño de un sello de correos". El Reino Unido podía enfrentarse -si apoyaba a los sionistas- con disturbios y revueltas en Iraq, Kuwait, los Emiratos Árabes, Omán y Bahrein, países de su esfera política que controlaban buena parte del suministro petrolífero, y Transjordania, que era la entrada a todos ellos. También podía perder el control de Egipto y el Canal de Suez y, además, el Yemen y Adén, que para los británicos, además de su importancia comercial, eran la clave para el control de la India, inmersa en un proceso de descolonización que se veía complicado. 

Por si fuera poco, los extremistas judíos hacían poco para ganarse la amistad británica, aunque ciertamente es dudoso que un mejor comportamiento hubiese cambiado la política británica. Aunque la Haganah, el grupo más poderoso de los paramilitares judíos, ejercía la política de "Autocontención" ("Havlagá"), el Irgún y LEHI habían declarado la guerra a los ocupantes británicos: atentados como la voladura del Hotel Rey David o el asesinato de varios policías británicos (acusados de torturadores) pusieron a la opinión pública británica en su contra y ganaron para el gobierno inglés un cierto apoyo para su política contraria a la inmigración judía.

Porque las líneas generales de la política del Reino Unido seguían siendo las mismas: apoyo a sus aliados árabes, cuyos intereses veía favorables a los suyos. Además, la Segunda Guerra Mundial le había desembarazado del enojoso encargo de cumplir la "Declaración Balfour": si nunca había sido partidaria de crear un estado judío independiente, ahora más que nunca deseaba que los judíos formasen una minoría dentro de un país vecino, preferiblemente Transjordania. Para rematarlo, los británicos temían la extensión de la influencia soviética en Oriente Medio, que preveían por dos caminos posibles: un Estado socialista judío (las experiencias de colectivización olían a chamusquina, para los diplomáticos británicos y el Departamento de Estado de los EEUU) o unos estados árabes descontentos que abominasen de "los imperialistas".

De modo que, en 1946, la posibilidad favorita del Foreign Office británico era un estado transjordano, engrandado con Palestina o federado a él, con los judíos como minoría benévolamente tratada. Así mataban varios pájaros de un tiro: premiaban la fidelidad de Abdullah; aquietaban en gran medida las protestas árabes (aunque muchos países árabes no estaban de acuerdo con la anexión de Palestina al reino de Abdullah, tampoco lo estaban con su anexión a Egipto, Siria, ni con el Muftí, pero desde luego todos aprobarían, a la larga, cualquier cosa que no fuese un Estado judío); cerraban el paso a lo que creían podía ser una infiltración soviética peligrosa y, por si fuera poco, colocaban al fiel Abdullah -con su potente Legión Árabe- en una posición a tiro de piedra de todos los intereses británicos en juego: Iraq, los Emiratos árabes, el canal de Suez, el Mediterráneo Oriental, e incluso la India.
Sesión del Comité Anglonorteamericano

Sin embargo, el mundo había cambiado, y el Reino Unido ya no podía hacer su voluntad. La presión de EEUU, que financiaba los préstamos británicos, se hizo notar. El Departamento de Estado no se fiaba tampoco de los judíos (a quienes creía susceptibles de caer en la órbita comunista) pero el poderoso "lobby" judío y la opinión pública norteamericana influían mucho sobre Truman.  En general, los EEUU, en un momentáneo retroceso hacia su línea habitual de aislacionismo que había roto en la Segunda Guerra Mundial, expresaban su opinión favorable a las tesis sionistas pero, por su parte, no aceptaban inmigrantes en su país más allá de una cuota simbólica.

Por eso Reino Unido propuso la formación de un Comité Conjunto Angloamericano de Investigación*, (Enero 1946) con la astuta idea de que, o bien le darían la razón o, si apoyaban al sionismo, los EEUU se verían tan comprometidos como ellos. Sin embargo, de las recomendaciones del Comité* (Abril 1946), Truman sólo apoyó la inmediata inmigración de 100000 judíos a Palestina. Consideraba ilusorio que se pudiese crear un estado unitario en el que ni árabes ni judíos dominasen unos sobre otros, e imposible que, en 1946, una fuerza internacional ayudase a implementar las recomendaciones. Se creó un nuevo comité conjunto (liderado por  el influyente Herbert Morrison* y con el concurso del embajador norteamericano Henry Grady*) para estudiar la manera de implementar las recomendaciones factibles del anterior informe, y hacer otras nuevas en los puntos más conflictivos. Este comité propuso el Plan Morrison - Grady*, que preveía la cantonalización de Palestina bajo una tutela del gobierno británico. Ante el rechazo de árabes y judíos, Londres presentó el "Plan Bevin", que consistía en una Tutela británica durante cinco años, seguida de una conferencia para llegar a un Acuerdo de todas las partes implicadas. Estos dos últimos planes, de hecho, olían a "prolongación del Mandato" y a "inspirados por el Foreign Office" de lejos, así que no tenían ninguna posibilidad de ser aceptados.

Los británicos estaban en un callejón sin salida. No podía ganarse la enemistad de los árabes permitiendo la entrada de 100000 judíos (con toda seguridad hubiera estallado una guerra en Oriente Medio y, según el Departamento de Guerra de EEUU, hubiese sido necesario un ejército de 300000 soldados para mantener la paz); tampoco querían llevarse los palos de la opinión pública mundial -y de la suya propia- y, sobre todo, no podía correr el riesgo de quebrar la alianza con EEUU, de quien dependía económicamente. Finalmente, decidió renunciar al Mandato ante la ONU, sucesora de la Sociedad de Naciones.

No se trataba de una decisión amistosa hacia los judíos. Los británicos pretendían que la ONU decidiese por ellos y, o bien se le concediese un nuevo Mandato (pero, contando con la fuerza de una nueva investidura de las Naciones Unidas, los EEUU apoyarían ahora su política) o se crearía un Estado unitario -con mayoría árabe- tutelado por la ONU (y nuevamente el Reino Unido, por su presencia en Oriente Medio y su experiencia como Potencia Mandataria, sería la elegida para llevar el tutelaje; por eso se habían puesto tan "pesaditos" con los Planes de Tutela). En el peor de los casos, si se creaba un Estado judío (que el Foreign Office pretendía que naciese tan débil y pequeño como pudiese conseguirse) los británicos quedarían más o menos libres de culpa ante la opinión pública árabe.

La ONU designó un Comité Especial para Palestina* (UNSCOP) formado por once miembros (elegidos entre países pequeños, parea evitar el dominio de alguna gran potencia), cuyos representantes viajaron a Palestina y se entrevistaron con representantes británicos y del Yishuv, mientras que los árabes les hacían boicot. El 3 de Septiembre el UNSCOP sometía a la Asamblea General su informe* con sus anexos* En resumen, se recomendaba la Partición de Palestina en dos países, árabe y judío, y una zona internacional.

La ONU creó un Ad-Hoc Comité* con dos subcomités, para estudiar los aspectos prácticos de la implantación del Plan de Partición. Los británicos, oficialmente, adoptaron una postura de imparcialidad; en la práctica trataron de obstaculizar el Plan de Partición como se había concebido, al menos de tres maneras (12): en primer lugar, apoyaron a los árabes en sus alegaciones a las fronteras recomendadas por el Plan del UNSCOP de manera que, al final, se incluyeron en el Estado Árabe Jaffa, Bersheva y parte del Negev ; en segundo lugar, el 13 de Noviembre anunciaron que, ocurriese lo que ocurriese, retirarían sus tropas de Palestina, como máximo, el 1 de Agosto de 1948. Con ello pretendía asustar a los EEUU, porque se preveía que la implantación de la Partición podía necesitar una fuerza militar de la ONU, en la que la URSS no dejaría de tomar parte. Y, en tercer lugar, aunque en la Votación el Reino Unido se abstuvo, al parecer "privadamente", diplomáticos británicos trataron de informar a determinados países de la Commonwealth y de Europa Occidental (como Bélgica, o Luxemburgo) de los "verdaderos sentimientos" del pueblo británico.

Tras la votación, los británicos hicieron todo lo posible por apoyar a los árabes -sin comprometerse ante el mundo- en su intento por aniquilar al Estado Judío. Mantuvo un bloqueo sobre las armas que podía recibir el futuro Israel a través de la costa, mientras los palestinos podían comprar armas libremente en los países vecinos, y estos se aprovisionaban "bajo mano" de los británicos, que miraban a otro lado (que los esfuerzos árabes por armarse fueran minados por la corrupción, es otra cosa).

Sólo cuando los EEUU, parte de cuya ayuda económica estaba convirtiéndose en armas para la Legión Árabe y otros ejércitos árabes, obligaron a Reino Unido a imponer el bloqueo a ambas partes, dejaron de apoyar militarmente a sus "aliados". También impidieron que los inmigrantes de los campos de detención de Chipre pudiesen llegar a tiempo a Palestina para ser entrenados y participar en las Batallas en torno a Latrún y Jerusalén. Más adelante, los británicos trataron de despojar a los israelíes del fruto de sus victorias ayudando a Folke Bernadotte a presentar unos descabellados planes que reflejaban, más que otra cosa, los deseos y las intenciones británicas. Ernest Bevin y los laboristas se negaron a reconocer a Israel durante nueve meses, impidiendo así su ingreso en las Naciones Unidas.

Si las intenciones del Reino Unido para Oriente Medio, desde 1918 en adelante, se demostraron siempre las de crear estados árabes viables y aliados a sus intereses; si, consecuentemente con eso, la agenda británica no contemplaba la creación de un Estado judío, si se opusieron a la inmigración judía, a la Partición y luego a la independencia ferozmente, antes y después del 14 de Mayo de 1948; si asistieron diplomática y militarmente a sus enemigos; si trataron por todos los medios -exceptuando una intervención militar de sus tropas, que las Grandes Potencias no hubieran tolerado- de reforzar a su gran aliado en la zona, Abdullah de Transjordania; si tras las derrotas árabes intentaron limitar las consecuencias de las victorias israelíes y perjudicaron diplomáticamente a Israel, vetando su ingreso en la ONU ¿qué sentido tiene que, según se afirma, en 1948 el Reino Unido diera su bendición a un reparto de Palestina árabe entre Transjordania e Israel?

¿O no lo hizo? Tras la larguísima introducción sobre la política británica en Oriente Medio entre 1918 y 1948, ahora podemos examinar las pruebas presentadas por quienes afirman que hubo un complot transjordano-británico-judío para acabar con el Estado árabe palestino.

El Tratado Anglojordano y la entrevista Bevin-Al-Huda

Abu al-Huda con el rey Hussein
El 7 de Febrero de 1948 el Secretario de Estado del Reino Unido, Ernest Bevin, se entrevistó con el Primer Ministro de Transjordania, Tawfik Abu-Al-Huda, en el Foreign Office. Pocos meses tras la celebración del encuentro, los enemigos de Abdullah ya le denunciaban como traidor a la causa árabe y le acusaban de haberse aliado con los judíos y británicos para repartirse el país. En 1960, el libro de David y Jon Kimche "Both Sides of the hill, Britain and the Palestine war", por su parte, afirmaba que en el complot tramado el 7 de Febrero entre Bevin y Abu al-Huda se había pactado que la Legión Árabe se apoderaría de la Palestina Árabe, y capturaría todo lo posible del Estado judío para convertirlo en un "Estado Fallido".

Entre los "nuevos historiadores", quien más ha defendido la "teoría del Complot" es Avi Shlaim. En su libro "Collusion Across the Jordan: King Abdullah, the Zionist Movement, and the Partition of Palestine" defiende que Bevin, en la entrevista con Abu al-Huda, le dio "luz verde" para la conquista de los territorios adjudicados en la Partición a los árabes -porque, aunque los británicos fingían estar opuestos a la Partición, en realidad lo que deseaban es hacerla "a su modo"- pero que le advirtió seriamente contra invadir el Estado judío. Literalmente:
Con su apoyo secreto al plan de Abdullah para aumentar su reino, Gran Bretaña  se hizo cómplice en el complot Hashemita-Sionista para invalidar la Resolución de Partición de las Naciones Unidas de 29 de Noviembre de 1947 y evitar el establecimiento de un Estado Árabe Palestino.
Otros "historiadores revisionistas" ¡cómo no! se unen a la diversión; casi todos concluyen que, aunque Bevin no dijo que sí, es como si lo hubiera dicho.


Antes de presentar lo argumentos en que se basan, vamos a hacer una aclaración previa.


Los "nuevos historiadores" suelen presentar falsamente las conversaciones de Febrero de 1948 como si se hubiera tratado simplemente de la cuestión palestina. En realidad, se trataba de una cuestión mucho más compleja.

El tratado anglojordano de 1946 había levantado polémica entre la opinión pública árabe, que acusaba a Abdullah de ser una "marioneta" británica. El influyente embajador en Amman, sir Alec Kikkbridge*, informó a su país de dicha insatisfacción y del interés de Abdullah por modificar el tratado en el sentido de adquirir mayor igualdad entre ambas partes. Por parte del Reino Unido, el fracaso de la Revisión del Tratado anglo-iraquí* tras la Revuelta de al-Wathbath*, y la difícil relación con Egipto -que deseaba renegociar el Tratado anglo-egipcio* para terminar con la presencia militar británica y tener las manos libres para anexionarse el Sudán- habían encendido las luces de alarma. De repente, la amistad con Transjordania y la Legión Árabe habían adquirido una importancia fundamental para el Reino Unido, cuya política de postguerra estaba dirigida a evitar que la URSS pusiese un pie en Oriente Medio.(13)

Antes de la llegada de los negociadores transjordanos a Londres, el Foreign Office era consciente de los temas que se iban plantear sobre la mesa, incluyendo la idea que rondaba la cabeza de Abdullah de anexionarse parte o toda Palestina. Tanto es así que, en despacho enviado el 11 de Enero, el Foreign Office advertía a Kirkbridge que, si le preguntaban por la postura británica en el caso de la invasión, diera una respuesta "hipócritamente falsa" (disingenuously vague reply).

Mientras la parte importante de las conversaciones iba por buen camino, se celebró aparte la ya citada conferencia entre Bevin y Abu al-Huda que, según Christopher Pirie-Gordon, 1º Secretario de la Embajada británica en Amman, fue a petición de Abu al-Huda, y expresamente aparte del resto de negociaciones.

El Gobierno británico era consciente de que el Primer Ministro transjordano le iba a preguntar a) Si el Reino Unido intervendría en el caso de la proyectada invasión; y b) Si apoyaría a Transjordania ante la ONU. Así se lo dijo a Kirkbridge en un telegrama fechado el 12 de Enero. En él también le informaba que los deseos británicos eran: a) Ver los problemas de Palestina resueltos cuanto antes; b) Que la situación no llegase a necesitar una votación sobre una acción ejecutiva del Consejo de Seguridad, porque -advertía- Reino Unido seguramente no utilizaría el "derecho de veto*" para proteger a un estado árabe agresor; y c) que Abdullah tuviese cuidado de no colocarse en una posición de aislamiento dentro del mundo árabe ni de dar la impresión que estaba facilitando la re-entrada de los británicos en Palestina.

Continuaba el telegrama diciendo que hasta ese momento -12 de Enero- veían posible cumplir las dos primeras esperanzas (o sea, que no llegase a intervenir la ONU) si Abdullah se limitaba a ocupar la parte árabe, sin invadir el estado judío; pero que no parecía probable que se satisficiera la tercera (que no se ofendiese al mundo árabe) ni se veía ningún curso de acción que lo consiguiera, si ocurría la proyectada invasión de Palestina (aunque fuera sólo la parte árabe) por Abdullah.

Como vemos, el 12 de Enero los británicos sólo quieren que el asunto no les salpique, ni ante la ONU ni ante los árabes. De hecho, el 10 de Enero habían enviado una carta a Abdullah en la que, entre otras cosas, le decían: "Su Majestad no habrá pasado por alto las dificultades o los riesgos que sobrevendrán si Transjordania toma decisiones que le aíslen del resto de países árabes o que hagan intervenir al Consejo de Seguridad. [...] El Gobierno de Su Majestad y el Reino Unido [...] se verían en grandes dificultades si esos riesgos se materializasen".

Una clara advertencia. Sobre todo teniendo en cuenta de que el Ejército de Transjordania dependía de los suministros, los oficiales, y del subsidio de dos millones de libras anuales que facilitaban los británicos. Y nos demuestra que, al menos un mes antes del supuesto "complot", el Reino Unido no tenía gana ninguna de dar "luz verde" a la invasión de Palestina.

Poco después Bevin recibe un informe (fechado el 24 de Enero) de Bernard Burrows, Director del Departamento Oriental del Foreign Office, con recomendaciones sobre cómo abordar la prevista reunión con Abu al-Huda. Burrows veía también dos posibles acciones de Abdullah: a) ocupación de la Palestina árabe, que podría ser considerada por la ONU como ayuda a salvar la paz y el orden, pero "le expondría a condena como traidor y podría, incluso, costarle el trono en Jordania" y b) no hacer caso de las fronteras de la ONU y ocupar, si no toda Palestina, al menos las partes de población árabe, en cuyo caso tendría que hacer frente a sanciones internacionales.

Burrows sugiere una tercera línea de acción, que según él podría impedir ambos peligros: permitir "la participación de la Legión Árabe en la resistencia árabe en Palestina [...] Colaborar con otras fuerzas árabes que operasen en áreas judías"

¿En qué pensaba Burrows? Consideraba sugestiva una acción que Abdullah no iba a tolerar ni de lejos (poner la Legión Árabe a disposición de la Liga Árabe para que facilitaran el triunfo del Mufti) e incluso con la posibilidad de operar en las áreas atribuidas al Estado Judío.

El propio Burrows debió darse cuenta de que se trataba de una idea descabellada, porque continúa recomendando que "como sugerir esta linea de acción a Transjordania es imposible", Bevin insista en el riesgo del aislamiento del mundo árabe y los problemas que causaría ante la ONU.

El día 6 de Febrero, Michael Wright, Adjunto al Subsecretario de Estado de Asuntos de Oriente Medio, dirige otro informe en el que afirma:
Parece probable que [Abu al-Huda] presente la idea de una acción de Transjordania en Palestina, que podría llevar a un eventual acuerdo con los judíos.
¿Es este el famoso complot? Pues... no, no es una idea que se sugiera a  Bevin, sino una idea que el Primer Ministro Jordano "puede sugerir": anexionarse las partes árabes, no las judías, confiando en que con el tiempo los judíos ("after a suitable lapse in time") aceptarían la situación "de facto". Pero Wright avisaba -como antes Burrows- que esta acción podría poner en peligro el trono e incluso la vida de Abdullah, por la oposición del mundo árabe.

Respecto al consejo directo sobre la respuesta que había que dar, Wright decía que Abu al-Huda "seguramente no esperaría una respuesta" (al menos inmediata); pero que si no podía evitar dar alguna respuesta, recomendaba que no se fuese más allá de la advertencia hecha el 10 de Enero. Por último, Wright recomendaba aprovechar la oportunidad para hacer una seria advertencia: si Transjordania invadía el Estado judío, o cometía actos claramente contrarios a la Resolución de la ONU, los británicos reconsiderarían la presencia de oficiales británicos en la Legión Árabe, y el subsidio concedido.

Adviértase que al Reino Unido -pese a las insinuaciones de algunos "historiadores revisionistas" que presentan a  Bevin como el "ángel guardián" del recién nacido Israel- el estado judío le importa una higa; sólo se cuida de su posición ante el mundo árabe y ante EEUU y la ONU.

Relatos de la entrevista

Sir John Bagot Glubb
No disponemos de ningún relato directo de los jordanos sobre esta entrevista; sólo contamos con las memorias del General Sir John Bagot  Glubb, Comandante de la Legión Árabe ("Soldado entre los Árabes", 1957), y los informes oficiales británicos.

Glubb refiere (Pgs 63-66) que Abu al-Huda explicó que el Mandato estaba a punto de terminar y que los judíos disponían de un gobierno preparado para tomar el mando, una fuerza de policía, y sobre todo, un ejército (la Haganah), mientras que los árabes palestinos no contaban con nada de eso. Por lo tanto, si no se hacía nada, podían ocurrir dos cosas: o que los judíos tomasen todo el país sin respetar la Resolución de la ONU, o que el Muftí volviera del exilio. El Muftí es un enemigo tanto de Reino Unido como de Transjordania -seguía Abu al-Huda, según Glubb- y en las últimas semanas se habían recibido en Amman peticiones implorantes de líderes árabes palestinos solicitando la intervención de la Legión Árabe cuando se fuesen los británicos. Y Abu al-Huda terminaba: "El Gobierno transjordano, por lo tanto, propone enviar la Legión Árabe a través del Jordán, una vez termine el Mandato británico, y ocupar aquella parte de Palestina adjudicada [en la Partición] a los árabes y contigua a la frontera de Transjordania"

Ahora el relato de Glubb se hace un poco engolado: "Aún ahora recuerdo a Mr. Bevin sentado a la mesa en esa espléndida habitación [...] diciendo: "Parece lo único que se puede hacer"". Y continúa: "Recuerdo a Tawfiq Pasha, diciendo en árabe que la Legión Árabe podría dejar sin ocupar el área de Gaza [se supone que para los egipcios] o el Alta Galilea [para los sirios-libaneses], que también fueron adjudicada para los árabes.[...] "Parece lo único que se puede hacer" -repitió Mr Bevin- pero no invada las zonas adjudicadas a los judíos""

Según Glubb, Bevin terminó "agradeciendo a Tawfiq Pasha por su franca exposición de la posición de Transjordania, y expresó su acuerdo con los planes a seguir"
En este "parece lo único que se puede hacer" se basan principalmente los "conspiracionistas". Pero cualquiera que haya leído el intercambio de informes y memoranda entre Amman y Londres del mes anterior a la reunión, notará algo raro. ¿Cómo es posible que el Secretario de Estado Bevin, cuyo gabinete ha sido tan reticente a permitir cualquier acción que perjudicase a los intereses británicos ante la ONU o el mundo árabe, y al que todos los consejeros -hasta el día previo a la cita- le habían aconsejado contra el compromiso con los planes de Abdullah, pase a ser cómplice de una "conspiración" que puede perjudicar los intereses de su país en la zona?

Vemos ahora el informe oficial del Foreign Office que fue enviado a Kirkbridge, en Amman, el día 9 de Febrero. Como sospecharon los consejeros de Bevin, al-Huda planteó la cuestión "sin tener oficialmente instrucciones para hablar de ello o para negociar sobre Palestina" y "sin esperar necesariamente una respuesta". Vamos, como en la entrevista Golda Meir- Abdullah, "como un ejercicio mental". Según el informe británico, los puntos clave de la declaración del Primer Ministro transjordano eran:
  1. Que la Legión Árabe abandonaría Palestina antes del 15 de Mayo, pero que podría ser aconsejable que volviese tras esa fecha, no como fuerza británica, sino transjordana.
  2. Que, aunque entendía la responsabilidad moral de los británicos por la opinión pública mundial sobre lo que pudiera hacer la Legión Árabe, (debido al subsidio que seguían pagando) si las Naciones Unidas viesen que la Legión Árabe conseguía impedir el derramamiento de sangre en Palestina, estarían más bien agradecidos.
  3. Que Transjordania actuaría de esta manera, no por propio beneficio, sino porque cree que los árabes palestinos no pueden organizar un autogobierno; por lo tanto, la presencia de la Legión Árabe no evitaría la Resolución de la ONU, sino que la haría más factible, "limitando el caos, y no incrementándolo".
  4. Que, aunque los judíos y la ONU pudieran pensar que ellos [Transjordania] habían mordido más de lo que pudiesen tragar ("opened their mouths too wide") la legión Árabe no podía esperar al permiso de la ONU para entrar en la Palestina Árabe.
  5. La declaración de Abu al-Huda concluye asegurando a Bevin que el Gobierno transjordano asume toda la responsabilidad y, por tanto, descargando a los británicos de ella.
El punto 3 está de acuerdo con las palabras de al-Huda que "recuerda" Glubb pero en el resto hay variaciones significativas; por ejemplo, no hay nada sobre la amenaza judía de tomar toda Palestina.

Pero ¿qué respondió Bevin? El informe -que, recordemos, es la comunicación oficial que se mandó a Kirkbridge- continúa diciendo:
  1. Bevin preguntó a al-Hulda si, con la entrada de la Legión Árabe, se refería a las zonas fijadas por la ONU para la Palestina Árabe o si también se pensaba entrar en las zonas judías.
  2. Al-Huda respondió que no entrarían en las zonas judías "a no ser que los judíos invadieran áreas árabes". Sabía que "la entrada de la Legión Árabe en las zonas judías provocaría enérgica (strenuous) oposición en la ONU y grandes dificultades a Transjordania"
  3. Finalmente, siempre según el informe oficial,  Bevin dijo que "estudiaría las declaraciones que Su Excelencia ha hecho", y el Primer Ministro Transjordano recordó, al despedirse, que no esperaba necesariamente una respuesta. Si [Bevin] lo deseaba, podrían continuar la conversación. De otro modo, no volverían a poner sobre la mesa la cuestión.
Como vemos, hay destacables discrepancias entre ambos relatos. Por ejemplo:
  • En Glubb, Abu al-Huda advierte de la intención -o el peligro- de que los judíos tomen todo el país, y explica pormenorizadamente dicha amenaza; nada de eso aparece en el informe oficial.
  • En el informe oficial tampoco hay referencia a que, bien los judíos, bien el Muftí, tomen todo el país; ni la explicación de que ambas cosas, no deseadas por los británicos y por Transjordania, deben hacer obligatoria la intervención de la Legión Árabe.
  • Más importante, Bevin no respondió que la invasión de Palestina fuera "lo único que se puede hacer". Por el contrario, no respondió; sólo dijo que "estudiaría las declaraciones", bien porque seguía la insinuación de Wright en el sentido de "no dar una respuesta" o porque, en realidad, no quería dar su consentimiento a la aventura de Abdullah.
  • Tampoco hay ningún advertencia contra la invasión de las zonas judías por Transjordania. Es al-Huda quien responde a una pregunta de Bevin (que no una amenaza o advertencia) declarando que no tienen intención de hacerlo, y por sus propias razones (vigorosa oposición de la ONU) 
El día 8 de febrero, al-Huda telegrafíó a su soberano diciéndole: "Estoy muy contento de los resultados [de la entrevista con Bevin] y me enorgullezco de decir que es gracias a Su Majestad que se han logrado estos resultados". Pero, más allá del evidente "peloteo" de agradecerle al Rey los resultados que se han conseguido, nada hay en el telegrama que pruebe, como dicen los "conspiracionistas" - en este caso Benny Morris en "The Road to Jerusalem: Glubb Pasha, Palestine and the Jews"- que esos resultados sean "haber recibido la luz verde para la ocupación de Cisjordania". Más bien el "resultado" es haber comunicado el encargo del Rey y no haber recibido una inmediata negativa. Si no ¿por qué esa insistencia en que "no hace falta dar una respuesta" y que se trataba sólo "de pensar en voz alta"?

Pero es que un despacho del Foreign Office a Kirkbridge del 11 de Febrero aún aclara más las cosas: "Tuvimos la oportunidad [...] de asegurar que, en caso de conducta agresiva por parte de la Legión Árabe, nos encontraríamos bajo una grave presión en cuanto al pago de los subsidios y la presencia de oficiales [en la Legión Árabe]" a lo que el embajador en Amman respondió, el 14 de Febrero: "Creo que ambos, el Rey y el Primer Ministro, están decididos a ocupar tanto del territorio asignado a los árabes cuanto puedan [...] Por motivos de publicidad dicen a los árabes que van a intentar ocupar toda Palestina [...] Ambos se dan cuenta de su incapacidad, con los medios a su disposición, para conseguir otra cosa que no sea la ocupación de las zonas árabes"

O sea, que no sólo no hubo reparto de Palestina entre Abdullah y los judíos con el consentimiento de Bevin, sino que Kirkbridge creía que la Legión Árabe era incapaz -según sus propios mandatarios- de conquistar el Estado Judío y por lo tanto, si ambos ejércitos se evitaron (aunque no siempre, ni mucho menos, como veremos) fue porque se tenían un saludable respeto, y temor.

Morris (y otros "revisionistas") creen que al-Huda estaba convencido de que "el que calla otorga" y que Bevin había entendido también que, al no prohibir la invasión de Palestina, en realidad le daba "luz verde". Por supuesto, esto es una simple "lectura de mentes" de Bevin y al-Huda. Nada hace pensar en eso. Por el contrario, todo indica que Reino Unido no empujó a Transjordania a invadir Palestina (por miedo a las repercusiones en el mundo árabe y la comunidad internacional) pero se resignó a ella, como el mal menor, debido a que no podía impedirlo. Una intervención militar o prolongación unilateral del Mandato estaba absolutamente descartada y, aunque Reino Unido soñaba con un estado judío más pequeño y no le hubiera importado que Abdullah capturase el Negev, las circunstancias internacionales -sobre todo la presión de los EEUU, que amenazó con levantar el embargo impuesto en Diciembre de 1947 y permitir a los israelíes comprar armas- le obligaron a "cortarle las alas" a Abdullah.

El día 9 de Febrero Bevin se reunió con Burrows y Wright para discutir los resultados de la reunión con Abu al-Huda y las posibles acciones a tomar. Posteriormente, Burrows redactó un memorandum, citado en Morris ("The Road to Jerusalem: Glubb Pasha, Palestine and the Jews" Pg 113) que recoge algunas opiniones sobre lo que el plan de Abdullah podría repercutir para los intereses británicos en la esfera internacional; en él se vuelve a indicar que los británicos no pueden apoyar directamente la invasión, ni siquiera de las zonas árabes, porque supondría una abierta oposición de EEUU y los países árabes,

El punto más interesante es el cuarto:
"Es tentador pensar que Transjordania pueda invadir las fronteras del Estado Judío [impuesto por la] ONU para establecer un corredor a través del Sur del Negev, uniendo el actual territorio transjordano con el Mediterráneo en Gaza"(14)
Shlaim descarta displicentemente este memorandum, diciendo que "se trataba de una más de las acciones que se discutieron en aquella entrevista", y que Burrows sólo era un "un burócrata de medio nivel". Pero, dado que Burrows era Director del Departamento Oriental del Foreign Office, y uno de los principales consejeros de Bevin en Oriente Medio, considerarle un chupatintas de medio pelo no parece lo más serio que puede hacer un historiador que se dice imparcial.

Si encima el documento firmado por él es un Memorandum oficial, que no registra "sus ideas" sino una discusión sostenida con varios de los expertos más influyentes sobre Oriente Medio, incluido el propio Secretario de Estado Bevin, no parece honesto desestimarlo sin más.

Pero si encima, como comprobaremos en otras entradas, vemos que en otros documentos británicos, así como en las líneas de la política del Reino Unido se repite, una y otra vez, el plan de favorecer que el Negev sea amputado del Estado de Israel para concederlo a Transjordania o a Egipto -hasta incluso llegar a influir y convencer a Bernadotte de la bondad de dicha idea- deberemos pensar que ese plan no era un simple "soñar despierto", sino uno de los puntos claves de la diplomacia británica en 1948. Sin ir más lejos, el 7 de Mayo de 1948 (una semana antes de la Declaración de Independencia de Israel) Burrows sugiere al Foreign Office que comunique al rey Abdullah que...
En la práctica, presumiblemente, no haya objeción por nuestra parte a que la Legión Árabe ocupe el Negev. (15)
Es muy significativo que Glubb, en Marzo de 1948, solicitó asesoramiento del MELF, (Middle East Land Forces*) un cuerpo británico de operaciones especiales que estuvo de acuerdo con él en que el mejor curso de acción para la Legión Árabe era desplegarse en las cercanías de Ramle y Hebrón, desde donde dominaría Tel Aviv y Jerusalén. Lo interesante de este punto es que Glubb, en Marzo, estaba estudiando la posibilidad de llevar a cabo operaciones contra el estado judío. Como resulta que, en el transcurso de la guerra, dos de los escenarios donde la Legión estuvo hostigando a la Haganah fueron, precisamente, Latrún -que cortaba la carretera Jerusalén-Tel Aviv- y la propia Jerusalén, y que Israel estuvo a punto de colapsar en las semanas iniciales de la guerra debido al asedio de Jerusalén, se presenta otra vez la seguridad de que, ni en Noviembre de 1947, ni en Febrero de 1948, hubo un pacto judeo-transjordano-británico para repartirse el país. Y, de hecho, si la Legión anduvo remisa en hacer más operaciones militares no se debió a un "complot" -que no existió de ninguna manera- sino a la escasez de municiones y, últimamente, el embargo que los británicos se vieron obligados a imponer sobre sus "clientes" árabes bajo la amenaza de los EEUU de levantar el suyo.

Existen muchos documentos más en los archivos británicos que muestran una absoluta falta de conocimiento de los funcionarios del Foreign Office de que hubiese el tantas veces nombrado "complot". Por razones de espacio, no podríamos nombrarlos aquí. A cambio, los defensores de la teoría del "complot" presentan sólo el libro de Glubb, así como las acusaciones de Abdullah Tell* -que en su libro "La catástrofe de Palestina" culpa también a Glubb y al rey Abdullah de connivencia con británicos y judíos, pero no presenta pruebas- para probar sus tesis.

Hemos defendido que no existió tal conspiración; Tell no asistió a las reuniones y el relato de Glubb es sospechoso en cuanto a su sinceridad. pero ¿por qué iba a mentir Glubb? Pues, sencillamente, porque fue objeto de acerbas críticas debido a la supuesta inacción de sus tropas, sobre todo tras la pérdida de Lydda y Ramle. Aunque siguió manteniendo una amistad personal con los reyes hashemitas, el rey Hussein se vio obligado a hacerle dimitir de su puesto. Y el libro "Soldado entre los árabes", fue escrito precisamente cuando más críticas había contra su comando de las fuerzas armadas. Es lógico, pues, que Glubb se defienda -al tiempo que a sus patrones británicos y transjordanos- refiriéndose a un acuerdo entre Reino Unido y Transjordania que, además, era más o menos obligado por las circunstancias.

En la próxima entrada, precisamente, examinaremos el comportamiento de la Legión Árabe y si hay motivo para sospechar que tenía órdenes de no intervenir contra los judíos

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* Enlaces en inglés. Aunque mis preferencias serán siempre enlazar a información en español, aunque sea menos completa, en algunos casos la diferencia en la información ofrecida justifica enlazar a páginas en otros idiomas. Ruego disculpen las molestias.
**Enlaces en francés
***Enlaces en otros idiomas

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NOTAS

  1. El titular, Moshe Sharett, permanecía encerrado en Latrún.
  2. Véase, por ejemplo"Palestine Jewry and the Arab Question, 1917 – 1925"; Caplan, Neil; London; Frank Cass & Co Limited; 1978; Pgs. 148–161.
  3. Por supuesto, "salomónico" no es imparcial ni justo. No se debe condenar a ambas partes por igual (o como en este caso, a mayor pena a quien no fue instigador de la violencia). Para mostrar los graves errores de la comisión y el escaso esfuerzo por documentarse, baste decir que el antisocialista militante Jabotinsky era catalogado como "bolchevique"
  4. Las leyes heredadas del Imperio Otomano estipulaban que los tres candidatos más votados por la ulema* eran presentado a las autoridades civiles (turcos, luego británicos) para que eligieran. por lo tanto, al-Husayni de haber sido cuarto, no podría haber sido elegido.
  5. El término "appeasement" ha sido traducido despectivamente como "apaciguamiento", pero sería más apropiado "pacificación" o "conciliación"; y, ni siempre ha resultado mal, ni ha dejado de usarse: piensen en la conciliación de la Unión Soviética en la Crisis de los Misiles, o en la tolerancia a la política agresiva de Nasser.
  6. Las protestas de engaño de los nacionalistas árabes, referentes a los acuerdos Sykes-Picot y la Correspondencia McMahon-Husayn no son más que una pantalla victimista presentada por la propaganda árabe y de los "orientalistas" del Foreign Office*. En realidad, las Cartas McMahon Husayn fueron eso, precisamente cartas, y nunca se firmó ningún Tratado sobre ellas. De hecho, si McMahon hubiera prometido a Husayn un Imperio Árabe que incluyese Palestina, Siria e Iraq (cosa que no hizo) el Gobierno Británico nunca hubiese firmado ese tratado, porque hubiese vulnerado los acuerdos de alianza firmados con Rusia y Francia al inicio de la Gran Guerra (que prohibían firmar tratados con potencias enemigas o terceras partes, en regiones de interés para los aliados, sin contar con ellos) y el propio Tratado Sykes-Picot, que se firmó en Enero de 1916, antes del fin de la Correspondencia Mc Mahon-Husayn. En otras palabras, un Tratado (cosa que no fue) McMahon-Husayn hubiera sido nulo por vulnerar los acuerdos anteriores con Francia y Rusia. Y, de hecho, McMahon se refiere insistentemente a que el acuerdo territorial "no podía dañar los intereses de nuestros aliados" -sobre todo Francia- y que "deberá examinarse con mayor cuidado y más adelante, porque afecta a los intereses de nuestros aliados"
  7. En cuanto a quien engañó a quién, basta leer la Correspondencia para ver que Husayn (que fue quien inició los contactos, incluso antes de la guerra) se presentó como portavoz "de toda la Nación Árabe sin ninguna excepción" e indujo a los británicos a creer que contaba con el apoyo de todo el mundo árabe, incluyendo los oficiales árabes del ejército otomano (de ser cierto, pensaban los británicos, los turcos se desmoronarían en cuanto se diera el grito de alzamiento. En realidad, Husayn y sus hijos se representaban poco más que a sí mismos; su "Rebelión" despertó muy poco interés en el mundo árabe antes de que se viera claramente que los turcos iban a perder; no en vano era una sublevación contra su soberano, al que habían jurado obediencia, y que era además el Califa del Mundo Musulmán. 
  8. "Sherifian Policy in Mesopotamia & Transjordania";  25-Febrero-1921, CO: 732/3; Pgs 420-21. Se trata de un memorándum sin fecha dirigido a Chuchill en el que se recogen las opiniones de Young y Lawrence
  9. La "Gran Revuelta Árabe" resultó, militarmente, un fiasco: financiada y armada por los británicos -que además pagaron abundantes sobornos a los hashemitas y otros potentados árabes- nunca llegaron a contar con más de cinco mil guerreros y jamás derrotaron a ningún ejército árabe de importancia. Ocuparon La Meca (la capital del Hijaz, su propio dominio), porque los turcos habían retirado sus tropas para defender Palestina, pero no pudieron conquistar su otra ciudad importante (Medina), ni unir a su causa a otros potentados de la península arábiga, que o bien eran aliados de los turcos (como la familia Al-Rashid*), o bien hacían la guerra por su cuenta, esperando el momento propicio para unirse a los aliados (como los Idrisíes de Asir o Ibn Saud del Nejd) lo que demuestra que Husayn no contaba con el apoyo de casi nadie en el mundo árabe. Sus guerrillas hostigaron el ferrocarril del Hijaz sin llegar a inutilizarlo y su gran "éxito" fue la toma de Aqaba con una fuerza de varios miles de guerreros apoyados por la artillería y la Flota británicas, contra una guarnición turca, a la que superaban en proporción de seis o siete a uno. Los turcos se rindieron casi sin lucha, ante la desproporción de fuerzas, y varios centenares de ellos fueron masacrados, indefensos, tras la rendición. Muchos artículos de glorificación dicen que el gran papel de la "Revuelta" fue fijar tropas turcas que, de otro modo, hubieran atacado Suez. pero no es cierto. Los turcos atacaron Suez, y fueron derrotados, en 1915, y no hicieron planes de probar suerte contra Egipto. Por el contrario, fue la retirada de los turcos de Arabia para defender Palestina de una posible campaña británica lo que permitió a Husayn iniciar su "Revuelta".
  10. Vuelvo a decir que las Cartas de McMahon no eran un tratado y nunca fueron ratificadas por el Gobierno o el Parlamento británico. Aparte, estaban viciadas de forma, porque se basaban en una falsedad: Husayn indujo a McMahon a creer que hablaba "en nombre de toda la nación árabe, sin excepción". Además McMahon no estaba autorizado -y lo dejó muy claro en las cartas- a hacer promesas que comprometieran los intereses rusos o franceses.
  11. Hope-Simpson estimó -y luego el "Libro Blanco de Passfield" aceptó la cifra- en unas 25000 las "familias árabes sin tierras", muchas de ellas "sin duda desposeídas por la inmigración judía. Al parecer Hope-Simpson se basó únicamente en preguntas a los supuestos desposeídos, porque cuando, en 1931, el Director para el Desarrollo de Palestina, Lewis French, presentó los resultados del programa británico para ofrecer tierra a los "árabes sin tierra", resultó que sólo 3000 solicitudes se habían presentado; sólo 600 de ellas eran "árabes sin tierra", y sólo 100 aceptaron  las tierras ofrecidas por el Gobierno Británico. ("Informe sobre Desarrollo en Agricultura y Reforma Agraria en palestina por Lewis French, Diciembre 1931 y Suplemento en Abril de 1932"; además, "Material estudiado por la Comisión Real para Palestina de 1937")
  12. Morris, Benny: "1948; A History of the First Arab-Israeli War"; Yale University Press, New Haven & London, 2008; Pg 67-79. Las alegaciones a las fronteras se hicieron siguiendo criterios demográficos, pero alguno de los argumentos árabes y británicos son peregrinos, como contar a los nómadas como "no tan nómadas" y asignarlos a las zonas que más interesaban a los árabes y sus patrones ingleses. De hecho, la rectificación del Negev para que fuera asignado al Estado Árabe era un objetivo británico de primer orden, pues permitía continuidad a los aliados árabes entre Egipto y Transjordania. Veremos que, cuando se hizo evidente que el Estado árabe de Palestina era inviable, el Reino Unido hizo planes tras planes para que fuese concedido a Egipto o Transjordania, llegando a convencer a Bernadotte.
  13. Y esa era la principal causa del deseo del Foreign Office de evitar la creación de un estado de Israel poderoso, al que veían como posible satélite bolchevique.
  14. Memorandum by Bernard Burrows, 9 February 1948, FO 371/68368/E296.
  15. Bernard Burrows, ‘Palestine After May 14’, 7 May 1948, FO 371/688/54/E6778.

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